Tras el contundente 3-0 a Belgrano, el Millonario encadenó su cuarta victoria en fila con el «Chacho». Con los mismos nombres que sufrieron en el cierre de la era del «Muñeco», el equipo recuperó la identidad, el juego fluido y la efectividad. ¿El problema era el DT?
El Monumental fue testigo de una metamorfosis que pocos imaginaban tan rápida. La victoria de River Plate ante Belgrano por 3-0 no fue un triunfo más; fue la confirmación de que el ciclo de Eduardo Coudet le ha devuelto al club una fisonomía que parecía perdida. Desde que el «Chacho» tomó el mando, el equipo suma 12 de los últimos 12 puntos en juego, consolidándose como escolta en la Zona B y en la Tabla Anual.
Lo que llama la atención en Núñez es el cambio radical con el mismo plantel. Mientras que el segundo ciclo de Marcelo Gallardo se despidió con números alarmantes (13 derrotas en sus últimos 20 partidos y una inversión de 87 millones de dólares que no se tradujo en títulos), Coudet aprovechó la fecha FIFA en Cardales para resetear la mentalidad. «Fue muy duro, teníamos que prepararnos bien», confesó Facundo Colidio, reflejando que la intensidad y la salida clara por abajo son hoy las banderas de este nuevo River, contrastando con el juego directo y forzado que marcó el final de la era anterior.

📊 El Contraste de Números:
- Final de la era Gallardo: 13 derrotas en 20 partidos oficiales. 14 títulos en su primer ciclo, ninguno en el segundo.
- Inicio de la era Coudet: 4 victorias consecutivas (Huracán, Sarmiento, Estudiantes RC y Belgrano).
- Posición Actual: Escolta en la Zona B y zona de clasificación a Libertadores en la Anual.
💡 El Análisis:
La pregunta es inevitable pero incómoda: ¿El problema de River era Gallardo? A veces, el peso de la historia y el desgaste de un mensaje que ya no llega al jugador terminan por asfixiar incluso a los más grandes. Coudet llegó sin tiempo, pero con una claridad conceptual que parece haberle quitado un ancla a los jugadores. El equipo que antes se veía atado y previsible, hoy fluye con la pelota y recuperó el hambre. El «Muñeco» será eterno, pero este presente del Chacho demuestra que el fútbol, a veces, necesita caras nuevas para que las viejas piezas vuelvan a encajar.




