El posible retiro militar de EE.UU. impacta en los mercados y abre un nuevo escenario de tensión global.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, evalúa retirar sus tropas de Irán sin garantizar la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz, en un giro que podría redefinir el conflicto en Medio Oriente y su impacto en la economía global.
La decisión, revelada por fuentes oficiales, ya tuvo efectos inmediatos: subieron las bolsas asiáticas y cayó el precio del petróleo, ante la expectativa de una posible desescalada militar. Sin embargo, el estrecho —por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial— continúa bajo control iraní.
El cambio de estrategia contrasta con las amenazas recientes del propio Trump, quien había advertido sobre una “destrucción total” de la infraestructura iraní si no se garantizaba la libre circulación. Ahora, el enfoque apunta a limitar objetivos militares y evitar una escalada mayor.
Uno de los factores clave es el costo político y económico del conflicto. La guerra, iniciada el 28 de febrero, ya supera el mes de duración y generó presión sobre los precios del combustible en Estados Unidos, impactando en la inflación en un año electoral.
En el plano militar, una ofensiva para recuperar Ormuz implicaría extender la guerra entre 4 y 6 semanas, con riesgo de operaciones terrestres. Actualmente, EE.UU. mantiene unos 50.000 efectivos desplegados en la región.
Analistas advierten que mantener cerrado el estrecho podría profundizar el impacto en el comercio mundial y en los mercados energéticos, lo que mantiene alta la incertidumbre global.
El eventual retiro sin resolver el control de Ormuz abre un escenario complejo: una salida rápida para Washington, pero con riesgos estructurales para la estabilidad económica internacional. La evolución del conflicto será clave para definir el rumbo de los mercados en las próximas semanas.





