El Presidente visitó el Santo Sepulcro en el aniversario de la muerte del Papa y combinó un gesto institucional con silencio público en medio de su agenda geopolítica.
El presidente Javier Milei rindió homenaje al papa Francisco en Jerusalén, al cumplirse el primer aniversario de su muerte, durante una visita a la Iglesia del Santo Sepulcro, uno de los sitios más sagrados del cristianismo. El gesto fue confirmado oficialmente por el Gobierno, aunque el mandatario evitó hacer declaraciones públicas en el lugar.
Según el comunicado oficial, Milei encendió una vela conmemorativa, realizó un minuto de silencio y dejó un mensaje en el libro de visitas en reconocimiento al primer pontífice argentino. Sin embargo, al retirarse del templo y ante consultas periodísticas, optó por el silencio absoluto, sin responder sobre el significado del homenaje.
Horas más tarde, el Presidente expresó su postura en redes sociales, donde definió a Francisco como “el argentino más importante de toda la historia”, marcando un contraste con sus críticas previas al pontífice antes de asumir el cargo.
La visita se realizó bajo un fuerte operativo de seguridad y en un contexto atípico: la Ciudad Vieja de Jerusalén luce virtualmente desierta por el impacto del conflicto en la región tras los ataques de Hamas y la escalada bélica con Irán, lo que redujo drásticamente el turismo religioso.
El viaje también se inscribe en una estrategia política más amplia. Milei se ha definido recientemente como el “presidente más sionista del mundo”, alineando a la Argentina con Estados Unidos e Israel en el escenario internacional. En paralelo, continúa profundizando su vínculo con el judaísmo, religión hacia la cual ha manifestado interés en convertirse.
La actividad en Jerusalén forma parte de su agenda oficial, que incluyó reuniones institucionales y su participación como invitado en la ceremonia por el 78° aniversario de la independencia de Israel, previo a su regreso a Buenos Aires.
El episodio expone una doble dimensión: un gesto simbólico de reconciliación con la figura de Francisco y, al mismo tiempo, una política exterior cada vez más definida en clave geopolítica. En ese equilibrio, Milei busca consolidar su posicionamiento internacional sin desatender señales hacia el plano interno, donde la figura del Papa mantiene alta sensibilidad social y política.






