En el Tedeum del 25 de Mayo, el obispo auxiliar de San Juan reclamó más diálogo, justicia y unidad, cuestionó el individualismo y advirtió sobre los riesgos de la violencia y los extremismos.
El obispo auxiliar de San Juan, Gustavo Larrazábal, aprovechó el Tedeum por el 25 de Mayo para lanzar un mensaje de fuerte contenido social y político: pidió abandonar los “discursos de odio”, rechazar la violencia y construir una sociedad basada en la paz, la fraternidad y el diálogo.
Durante la homilía, centrada en la parábola del trigo y la cizaña del Evangelio de Mateo, el religioso vinculó el mensaje bíblico con la actualidad argentina y advirtió sobre el deterioro del clima social.
“No puede haber diálogo con violencia o discursos de odio”, sostuvo. Y agregó otra definición contundente: “No hay lugar para la indiferencia, porque ésta mata”.
Larrazábal también cuestionó el avance del individualismo y sus consecuencias sobre la convivencia colectiva. “El ‘sálvese quien pueda’ del individualismo feroz no conduce a ningún puerto de felicidad personal y menos aún a la paz interior necesaria para un desarrollo auténtico”, afirmó.
A lo largo de su mensaje, el obispo retomó conceptos de la Doctrina Social de la Iglesia y de Evangelii Gaudium, del papa Francisco, para plantear una hoja de ruta basada en cuatro principios: priorizar los procesos por sobre la inmediatez del poder, sostener la unidad frente al conflicto, poner la realidad por encima de las ideas y construir un proyecto común.
En ese marco, alertó sobre los peligros de los extremismos y los fanatismos políticos o sociales. “Los extremistas pretenden que las cosas sean 100% puras y terminan destruyendo el trigo”, señaló, al defender la convivencia democrática y la capacidad de construir consensos.
El religioso también hizo un llamado indirecto a la dirigencia política al pedir que se privilegien procesos de construcción social por encima de las disputas coyunturales y los resultados inmediatos.
Hacia el cierre del Tedeum, Larrazábal convocó a “forjar la Patria Grande” y sostuvo que “el mal no tendrá nunca la última palabra”, en una apelación a recuperar esperanza y cohesión social.
El mensaje del obispo se suma a otras voces de la Iglesia que, en esta fecha patria, volvieron a poner el foco sobre la polarización, la fragmentación social y la necesidad de reconstruir puentes de diálogo en un contexto nacional atravesado por tensiones políticas, económicas y culturales.







