Un investigador de la UNSJ advirtió que la escasez de agua en San Juan es estructural y que el modelo productivo actual resulta insostenible: el agro consume el 93% del recurso hídrico.
La crisis hídrica que atraviesa San Juan podría poner en riesgo el futuro de la vitivinicultura y de buena parte del sector agrícola, según advirtió Silvio Pastore, investigador del Instituto de Glaciología de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ). El especialista aseguró que la caída del caudal del río San Juan responde a un proceso estructural vinculado al cambio climático, y no a una coyuntura pasajera.
“Los productores se creen dueños del agua”, afirmó el científico al cuestionar el actual esquema de uso del recurso. Según explicó, el sector agropecuario concentra cerca del 93% del consumo hídrico provincial, muy por encima de otras actividades productivas.
Pastore señaló que la reducción del aporte de agua viene siendo advertida desde hace más de una década por distintos organismos técnicos y científicos. Entre ellos mencionó estudios de la UNSJ, el INTA, el Instituto Nacional del Agua y la CONAE, que anticiparon un escenario de menor disponibilidad hídrica para la provincia.
Sin embargo, sostuvo que las respuestas políticas y productivas no se adecuaron a esa nueva realidad climática. A su entender, tanto gobiernos provinciales como sectores del agro evitaron impulsar reformas profundas en el sistema de distribución del agua, en especial en relación con el decreto hídrico vigente desde la década de 1970.
El investigador también cuestionó la falta de actualización del modelo productivo frente al nuevo contexto ambiental. “El agua ya no es abundante como antes, pero se siguen utilizando prácticas pensadas para otra realidad climática”, advirtió.
En el debate sobre el uso del recurso, Pastore puso en perspectiva el rol de la minería. Según indicó, el sector representa alrededor del 1,7% del consumo total de agua, una cifra considerablemente menor frente al peso del agro en la demanda hídrica.
Además, señaló que algunos proyectos mineros evalúan alternativas de abastecimiento a largo plazo, como el uso de agua desalinizada proveniente del océano Pacífico, una estrategia orientada a reducir la presión sobre las fuentes locales.
El especialista también alertó sobre las posibles consecuencias para la población. La sobreexplotación de acuíferos, explicó, podría generar en el futuro restricciones más frecuentes en el suministro de agua potable y una mayor dependencia del consumo de agua embotellada, una situación que ya ocurre en otras regiones con estrés hídrico.
Para Pastore, el principal desafío será redefinir la gestión del recurso en la provincia y avanzar hacia un modelo más eficiente de distribución y consumo.
“Esto no es un problema del futuro. La crisis hídrica ya está instalada desde hace años”, advirtió el investigador. Sin cambios estructurales en la planificación del agua, concluyó, la actividad agrícola y vitivinícola podría enfrentar serias dificultades para sostenerse en las próximas décadas.





