Los registros en distintos puntos de la alta montaña llegan hasta los 2,30 metros, una cifra excepcional para los últimos años. Especialistas advierten que la magnitud del deshielo dependerá de la densidad del manto y piden reforzar el mantenimiento de canales y sistemas de drenaje.
La Cordillera de los Andes atraviesa en San Juan una temporada invernal marcada por una importante acumulación de nieve, después de varios años en los que la región de Cuyo estuvo condicionada por la escasez de agua. Las primeras mediciones realizadas en la alta montaña muestran valores que se ubican muy por encima de los observados durante buena parte del último lustro.
La investigadora climatológica del área de Hidrología de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), Agustina Albeiro, explicó que las estaciones nivometeorológicas dependientes del Departamento de Hidráulica registraron espesores que alcanzan los 2,30 metros en sectores de la Cordillera Sur.
En la cuenca del río Jáchal, correspondiente a la Cordillera Norte, las mediciones preliminares se ubican entre 1,60 y 1,70 metros. En tanto, en la zona de la cuenca del río San Juan, los registros presentan una mayor variabilidad y van desde aproximadamente 1,30 hasta 2,30 metros.
La especialista remarcó que se trata de valores extraordinarios en comparación con temporadas recientes y que, en determinados años, la nieve acumulada ni siquiera alcanzaba un metro de espesor.
Sin embargo, Albeiro aclaró que estas cifras todavía deben ser verificadas mediante trabajos de campo. Las estaciones permiten conocer la altura del manto en puntos determinados, pero la acción del viento puede generar acumulaciones irregulares y hacer que una medición puntual no represente las condiciones generales de la zona.
Más nieve no siempre significa más agua
Uno de los principales aspectos que deberá determinarse durante los próximos estudios es la cantidad de agua que efectivamente contiene el manto níveo. El espesor registrado por las estaciones no permite, por sí solo, establecer cuál será el volumen hídrico que llegará a los ríos durante el período de fusión.
La densidad de la nieve resulta fundamental para realizar esa estimación. Un manto de gran espesor pero con abundante aire entre sus partículas puede contener menos agua que otro de menor altura, pero mucho más compacto.
Por ese motivo, los equipos técnicos realizan cateos o calicatas en la montaña, mediante los cuales extraen muestras para determinar el peso, la densidad y el grado de compactación de la nieve. Con esos datos es posible efectuar una estimación más precisa del aporte que tendrán las reservas nivales sobre las distintas cuencas.
Una sucesión de temporales permitió conservar el manto
La particularidad de esta temporada no está solamente vinculada a la cantidad de nieve caída, sino también a la continuidad de las precipitaciones.
Durante el invierno se produjeron sucesivos temporales que permitieron que las nuevas nevadas se acumularan sobre capas anteriores. El enfriamiento previo del terreno también favoreció la conservación del manto y evitó que una parte importante de las precipitaciones se perdiera rápidamente por fusión.
Incluso con el ingreso de la primavera, las imágenes satelitales muestran una cobertura nívea considerable tanto del lado argentino como del chileno de la Cordillera.
El deshielo será determinante desde noviembre
Con el incremento progresivo de las temperaturas, la montaña comienza a ingresar en una nueva etapa: la nieve acumulada empezará a transformarse en aporte de agua para los ríos.
Ese proceso ya puede observarse en los cursos de agua, que presentan mayor turbidez y una tonalidad amarronada debido al material que arrastra la corriente. No obstante, el período de mayor intensidad de fusión se espera hacia comienzos de noviembre, cuando se produzca el ingreso pleno del verano térmico en la provincia.
La situación genera expectativas por la recuperación de los recursos hídricos, aunque también obliga a reforzar las tareas preventivas.
Uno de los principales puntos señalados por Albeiro es la necesidad de mantener en condiciones los canales y la infraestructura de riego. Municipios, regantes y organismos vinculados al manejo del agua deberán realizar tareas de limpieza y mantenimiento para reducir el riesgo de desbordes y anegamientos.
A esto se suma otro factor: las habituales tormentas de verano. Durante diciembre, enero y febrero pueden registrarse precipitaciones intensas y, si esas lluvias coinciden con un período de fuerte deshielo, podrían generarse caudales importantes y una mayor exigencia sobre los sistemas de drenaje.
En ese escenario, también cobra relevancia el trabajo coordinado dentro del Comité de Prevención y Emergencias (COPR) y el seguimiento de los avisos y alertas emitidos por el Servicio Meteorológico Nacional.
La nieve también condiciona a los emprendimientos mineros
Las condiciones meteorológicas en la alta montaña también tienen consecuencias sobre la actividad minera. La continuidad de las nevadas durante septiembre complicó la planificación logística y genera incertidumbre respecto de los accesos y del regreso del personal a los campamentos ubicados en la Cordillera.
Según explicó la investigadora, las empresas deben mantener una actitud cautelosa debido a que las condiciones de las rutas pueden cambiar rápidamente y no siempre es posible garantizar el tránsito seguro hacia los proyectos.
Las previsiones analizadas hasta el momento indican que las anomalías positivas de precipitación en la alta Cordillera podrían mantenerse hasta fines de octubre.
Cautela frente al futuro de la sequía
Pese a la magnitud de las nevadas registradas este año, la especialista evitó anticipar que la situación marque definitivamente el final del período seco que atravesó la región.
Albeiro señaló que no existen herramientas suficientes para determinar con certeza cómo se comportarán las temporadas siguientes. En cuanto al fenómeno de El Niño, indicó que las proyecciones contemplan su continuidad hasta abril, para luego avanzar hacia una fase neutral.
De esta manera, la importante reserva de nieve representa una señal favorable para la disponibilidad de agua en San Juan, pero todavía será necesario esperar las mediciones definitivas de densidad y el comportamiento de las temperaturas para conocer cuánto de ese manto llegará efectivamente a los ríos durante el próximo ciclo de deshielo.




