Las seis imágenes de hierro fundido llegaron desde Francia en 1870, sobrevivieron al terremoto de 1944 y fueron recuperadas mediante un proceso especializado de conservación.
Las seis esculturas históricas de la Catedral de San Juan fueron restauradas y recuperaron su aspecto original después de décadas de exposición al clima e intervenciones que habían afectado el hierro fundido.
El conjunto está integrado por las imágenes de San Marcos, San Lucas, San Juan Evangelista, San Mateo, San Juan Bautista y San Pedro. Las piezas fueron fabricadas por la fundición francesa Val d’Osne y adquiridas en 1870 para ornamentar la antigua iglesia matriz.
La intervención, encabezada por la especialista en conservación Cristina Sonego, incluyó estudios sobre las diferentes capas acumuladas en la superficie, limpiezas secas y químicas, retiro de masillas y eliminación de reparaciones anteriores que alteraban la apariencia de las esculturas.
Los trabajos permitieron recuperar la terminación del hierro con pátina de cobre, similar a la que tenían las figuras cuando salieron de la fábrica francesa. Como protección frente a la intemperie, también se aplicó una cera especial sobre las superficies.
La situación más delicada fue detectada en una de las manos de la imagen de San Juan Bautista, patrono de la provincia. La oxidación había destruido el núcleo interno del metal y existía un riesgo elevado de desprendimiento.
Para estabilizarla, el equipo utilizó un sistema que combinó anclaje químico y puntos de soldadura de precisión, con el objetivo de conservar la mayor cantidad posible del material original.
Las esculturas formaban parte de la fachada de la antigua Catedral hasta el terremoto de 1944, que destruyó el edificio. Después del sismo fueron retiradas y puestas a resguardo: la mayoría permaneció primero en la Casa de Betania y luego en un patio lateral del nuevo templo, mientras que la figura de San Pedro fue trasladada al Seminario Arquidiocesano.
En 2025 comenzó la reunificación del conjunto y su colocación en los espacios de la fachada diseñados por el arquitecto Daniel Ramos Correa. La ubicación recupera una parte del proyecto concebido para el edificio construido tras el terremoto.
La restauración integra la segunda etapa de la puesta en valor de la Catedral, promovida por el Arzobispado de San Juan de Cuyo y la Parroquia San Juan Bautista, con asesoramiento de la Fundación EOS. El financiamiento se canalizó mediante la Ley Provincial de Mecenazgo, con aportes del Banco San Juan y su fundación.
Con las seis imágenes nuevamente restauradas y reunidas, la fachada recupera piezas que condensan más de 150 años de historia religiosa, artística y urbana. Su conservación futura dependerá ahora de controles periódicos que permitan evitar un nuevo avance de la corrosión.





