Un correo interno del Pentágono filtrado por la agencia Reuters encendió este viernes una nueva llama en la histórica disputa por las Islas Malvinas. Según el documento, el gobierno de Donald Trump habría evaluado retirar su respaldo diplomático al Reino Unido en el conflicto por las islas, como parte de posibles represalias contra aliados de la OTAN que no apoyaron suficientemente a Estados Unidos durante el conflicto bélico con Irán. La noticia cayó como una bomba en Londres y generó una inmediata reacción de Buenos Aires.
El canciller argentino Pablo Quirno no tardó en tomar la palabra. A través de su cuenta de X, el funcionario reafirmó los derechos soberanos de la Argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, y rechazó de plano los argumentos esgrimidos por el gobierno británico. En particular, apuntó contra la invocación del principio de libre determinación de los pueblos que utiliza Londres para sostener su posición. Quirno fue contundente: los actuales habitantes de las islas nunca fueron reconocidos como un «pueblo» por las Naciones Unidas, y por eso tampoco tiene validez el referéndum celebrado en 2013. Calificó además a la ocupación británica iniciada en 1833 como «un acto de fuerza contrario al derecho internacional de la época» que dio origen a «una situación colonial que persiste hasta hoy».
El presidente Javier Milei respaldó de inmediato a su canciller compartiendo el mensaje y añadiendo su propia frase: «Las Malvinas fueron, son y siempre serán argentinas.»
La respuesta del Reino Unido no se hizo esperar. Un vocero del primer ministro Keir Starmer subrayó que la postura británica sobre la soberanía de las islas «es de larga data y no ha cambiado». La ministra de Exteriores Yvette Cooper también salió al cruce, reiterando que «la soberanía reside en el Reino Unido y la autodeterminación en los isleños», y que el compromiso de su país con las Malvinas es, según sus palabras, inquebrantable.
En su publicación, Quirno también denunció las actividades de exploración y explotación de recursos naturales que calificó de ilegales, mencionando específicamente a las empresas Rockhopper Exploration y Navitas Petroleum, vinculadas al desarrollo del yacimiento Sea Lion, acusándolas de violar resoluciones de Naciones Unidas y desconocer los derechos soberanos argentinos.
El canciller cerró su mensaje con una declaración de principios y una invitación al diálogo: Argentina reitera su voluntad de reanudar negociaciones bilaterales con el Reino Unido para alcanzar una solución pacífica y definitiva. «Por historia, por derecho y por convicción: las Malvinas son argentinas», concluyó.
El episodio pone de relieve cómo la tensión entre Washington y Londres, exacerbada por las políticas de Trump, puede reabrir viejas heridas y redibujar alianzas en torno a uno de los conflictos territoriales más sensibles de América Latina.






