La catástrofe provocada por el colapso de un glaciar dejó cientos de víctimas y más de mil personas desaparecidas. China y Nepal interrumpieron temporalmente los operativos por el riesgo de que un lago formado por los escombros vuelva a desbordarse.
La emergencia continúa agravándose en la frontera entre Nepal y China luego de la devastadora riada que arrasó localidades, caminos e infraestructura en una zona del Himalaya. Mientras los equipos intentan determinar el número definitivo de víctimas, las autoridades enfrentan un nuevo peligro: la posibilidad de que un lago natural formado tras el desastre provoque otra inundación de gran magnitud.
El saldo fatal aumentó a más de 470 personas en Nepal, mientras que en el Tíbet también se registraron víctimas. A esto se suma una cifra superior al millar de desaparecidos, entre ellos cientos de ciudadanos extranjeros que se encontraban en la región por motivos turísticos o religiosos.

La situación llevó a las autoridades de ambos países a frenar las tareas de búsqueda y rescate en algunos sectores. La decisión fue adoptada luego de advertir que una masa de agua acumulada por el bloqueo de un curso de agua comenzó a desbordarse y podría generar una nueva crecida sobre las zonas ubicadas río abajo.
El lago se formó después de que el desprendimiento de hielo, rocas y barro bloqueara el cauce. La acumulación supera los dos millones de metros cúbicos y se encuentra a una altura considerable respecto de las áreas afectadas, por lo que una liberación repentina podría provocar nuevos desplazamientos de agua y sedimentos.
La catástrofe inicial se habría originado por el colapso de una masa glaciar ubicada a varios miles de metros de altura. El material descendió por las laderas y terminó generando una enorme corriente de agua, barro y rocas que golpeó con extrema violencia distintas poblaciones de Nepal y el Tíbet.
Uno de los sectores más afectados fue el paso fronterizo de Gyirong, un punto estratégico de comunicación entre Nepal y China. La fuerza de la inundación destruyó puentes, rutas y otras estructuras, mientras que los desprendimientos dejaron numerosas zonas aisladas y dificultaron el ingreso de los grupos de emergencia.

La crisis también representa un desafío humanitario. Más de 90.000 personas fueron afectadas por el desastre y las rutas utilizadas para transportar alimentos, medicamentos y otros elementos de primera necesidad quedaron seriamente dañadas. Incluso vehículos destinados a llevar ayuda tuvieron dificultades para avanzar debido a los nuevos desbordamientos.
Los organismos de rescate permanecen atentos a la evolución del lago y de los cursos de agua de la región. Aunque las operaciones fueron retomadas posteriormente en algunos sectores al disminuir el peligro inmediato, la amenaza de nuevas inundaciones continúa condicionando la búsqueda de los desaparecidos y la asistencia a los sobrevivientes.





