Tras 10 días de cierre por una denuncia de espionaje, el Gobierno restituye el acceso con nuevas restricciones y en medio de cuestionamientos por libertad de prensa.
El Gobierno nacional dispuso este lunes 4 de mayo la reapertura de la Sala de Periodistas de la Casa Rosada, luego de 10 días de clausura motivada por una revisión interna de seguridad tras una denuncia por presunto espionaje ilegal.
La medida, impulsada por la Secretaría General de la Presidencia, se levantó tras los peritajes realizados por la Casa Militar sobre los sistemas de vigilancia del edificio. Según fuentes oficiales, la reapertura se da con modificaciones en los accesos y mayores controles para los cronistas acreditados.
Se prevé que el vocero presidencial, Manuel Adorni, retome sus conferencias de prensa habituales desde las 11:00, aunque no se descarta una postergación. El regreso de la actividad periodística se produce en un clima de tensión, marcado por nuevas reglas de circulación y sectores restringidos dentro de Balcarce 50.
Entre los cambios más relevantes, el ingreso estará habilitado solo de lunes a viernes, de 6:30 a 21, se eliminaron los accesos por huella dactilar y se exigirá la presentación de DNI y credencial oficial. Además, se establecieron áreas delimitadas a las que los periodistas no podrán acceder.
El cierre había sido ordenado el 23 de abril, tras la denuncia oficial por una supuesta “intromisión ilegítima” a partir de un informe televisivo que exhibía imágenes internas de la sede gubernamental. Sin embargo, esos registros ya circulaban previamente en internet y eran accesibles mediante visitas guiadas. La causa continúa bajo investigación en el juzgado de Ariel Lijo.
La decisión de reabrir se da en paralelo a críticas de entidades periodísticas y sindicales. Durante el reciente Día Mundial de la Libertad de Prensa, ADEPA cuestionó el clima de hostigamiento hacia medios, mientras que la CGT calificó el cierre como un acto de censura que afectó el acceso a la información pública.
El episodio deja abierto un frente de tensión entre el Gobierno y el sistema de medios, con un esquema de acceso más restrictivo que podría redefinir la dinámica cotidiana de la cobertura en la Casa Rosada.





