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POBREZA INFANTIL: CASI EL 30% DE LOS NIÑOS NO COME REGULARMENTE

Aunque los indicadores mejoran respecto de 2024, más de la mitad de los menores sigue en situación de pobreza y casi un tercio padece inseguridad alimentaria.

La pobreza infantil en la Argentina alcanzó al 53,6% de los niños y adolescentes en 2025, mientras que la indigencia se ubicó en 10,7%, según el último informe de la UCA. Si bien los datos muestran una mejora en relación con los picos recientes, el fenómeno mantiene una dimensión estructural que expone la fragilidad social de largo plazo.

El estudio señala que la reducción registrada en los últimos dos años “trae alivio”, pero advierte que no implica una solución de fondo. En perspectiva histórica, la pobreza infantil muestra una tendencia ascendente: pasó de 45,2% en 2010 a niveles superiores al 60% en los años de crisis, con un máximo reciente de 62,9% en 2023.

En paralelo, la inseguridad alimentaria sigue siendo crítica. En 2025, el 28,8% de los menores no accedió regularmente a alimentos, y el 13,2% atravesó situaciones severas. Aun con cierta mejora interanual, los valores permanecen por encima de los registros previos a 2017.

Este escenario se refleja en la expansión de la asistencia estatal: el 64,8% de los niños recibe ayuda alimentaria, el nivel más alto de la serie. Sin embargo, la cobertura de transferencias como la AUH alcanzó al 42,5%, con una caída de 3,3 puntos porcentuales frente a 2024, lo que evidencia limitaciones en la red de contención.

El informe también describe un deterioro multidimensional. El 19,8% de los menores dejó de asistir a controles médicos por razones económicas, mientras que persisten déficits habitacionales: 18,1% vive en viviendas precarias, 20,9% en hacinamiento y 42% sin acceso adecuado a saneamiento.

Desde una mirada estructural, la UCA advierte que las políticas de transferencia no están diseñadas para cubrir la totalidad de los ingresos familiares, sino para compensar desigualdades entre empleo formal e informal. En ese marco, la calidad del empleo adulto aparece como variable central para revertir la pobreza infantil.

El cuadro actual combina una leve mejora coyuntural con un problema persistente. Sin cambios sostenidos en el mercado laboral y en la cobertura de políticas sociales, la Argentina enfrenta el riesgo de consolidar niveles elevados de pobreza infantil como un rasgo estructural de su economía.