ZONA DE RIESGO
Fuze
Género: Acción| Thriller
Origen: Reino Unido | 2025
Duración: 98 minutos
Director: David Mackenzie
Protagonistas: Aaron Taylor-Johnson, Theo James, Gugu Mbatha-Raw, Sam Worthington.
Como esas paltas jóvenes que se dejan madurando arriba de la heladera, pero que cuando se las parte al medio ya están pasadas, así ocurre con Zona de riesgo, nuevo largometraje del británico David Mackenzie, un thriller con todos los elementos necesarios para dejar satisfecho hasta al más exigente. Sin embargo, aunque el cineasta muestra todo su oficio en los primeros dos actos, finalmente tropieza con su propia incapacidad para coronar el relato con un final a la altura. Algo que resulta curioso en un director que hace diez años logró destacarse con la multinominada a los Oscar Nada que perder (Hell or High Water), en la que conseguía ser exitoso ahí donde en esta fracasa.
El comienzo de Zona de riesgo consigue ser complejo sin volverse complicado. Un grupo de obreros, encargado de cavar los cimientos de un edificio nuevo en un barrio londinense, se encuentra bajo la tierra con la sorpresita de una bomba de la Segunda Guerra Mundial todavía activa. Como ocurre en muchas ciudades europeas bombardeadas durante aquel conflicto bélico, el hallazgo no resulta infrecuente y activa de inmediato un ensayado protocolo de evacuación, para avanzar de forma segura en el desmantelamiento del explosivo. Solo que esta vez, en otro edificio, ubicado en el corazón de la zona desalojada, un grupo de boqueteros se prepara para entrar a la bóveda de un banco vecino.
La película registra de forma simultánea las tareas que el equipo de especialistas realiza sobre la bomba y el de los delincuentes para desvalijar las cajas de seguridad desde el sótano lindero. A partir de esa narración paralela, Mackenzie consigue alimentar eficazmente una tensión legítima y al mismo tiempo dejar planteada la sospecha que ocupa el corazón del asunto: ¿cómo se conectan ambas líneas del relato? Sin apuro y con prudencia, el director va revelando elementos que permitirán responder ese interrogante, pero con el oficio suficiente como para que esa información, en lugar de reducir el interés por la historia, siga alimentando la intriga.
Hasta ahí Zona de riesgo funciona como una efectiva heist movie, las clásicas películas de atracos. Pero ya cerca de su resolución, la trama se va enredando con decisiones que en lugar de permitir que se expanda, le van cerrando caminos. La simplificación llega a su máxima expresión en el desenlace, donde la película realiza la innecesaria pirueta de un flashback que se encarga de revelar la información que completa el rompecabezas, como quién saca del bolsillo las piezas que faltan. Una serie de placas finales cumplen con la formalidad de contar lo que pasará después, poniendo en evidencia que el director y su guionista o bien se quedaron sin ideas o, peor todavía, sin ganas para darle a la historia un final más digno y estimulante.
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