Un gol en el último minuto, una imagen viral y una acusación directa entre compañeros de equipo. La Liga Panameña de Fútbol vive uno de los escándalos más explosivos de su historia reciente, y el detonante fue una jugada que, en cualquier otro contexto, podría haberse archivado como un simple blooper. Pero nada fue simple esta vez.
El 2 de mayo, durante el partido entre Alianza FC y Sporting San Miguelito, el arquero José Calderón protagonizó una acción insólita en el último minuto del encuentro: introdujo el balón en su propia portería, consumando la derrota de su equipo por 3 a 2. La cámara captó todo, incluyendo la reacción del delantero Gustavo Herrera, que abandonó el campo antes de que el árbitro diera el pitazo final, con un gesto de profundo fastidio dirigido hacia su guardameta. Los comentaristas de la transmisión oficial, desconcertados, usaron expresiones como «es una locura» y «una jugada rarísima» para describir lo que acababan de ver.
Lo que siguió encendió definitivamente la mecha. Herrera recurrió a Instagram para lanzar una acusación frontal contra Calderón, a quien identificó por nombre y apellido como un «amolador de partidos». Sin rodeos, cuestionó que alguien con la trayectoria del arquero —44 partidos con la selección nacional panameña— estuviese involucrado en ese tipo de conductas, y exigió que quienes manchan el deporte se hagan a un lado. Sus palabras resonaron en todo el fútbol centroamericano.
Calderón no tardó en responder. Admitió el error y ofreció disculpas a sus compañeros, al cuerpo técnico y a los hinchas, pero rechazó de manera categórica cualquier insinuación de conducta irregular. Calificó el autogol como un accidente estrictamente deportivo e involuntario, y advirtió que se reserva el derecho de iniciar acciones legales contra quienes, según sus palabras, pretendan afectar su honra con afirmaciones falsas o infundadas.
La escalada fue tan rápida y visible que la propia Liga Panameña se vio obligada a actuar. A través de un comunicado oficial, anunció la apertura de una investigación formal de oficio por un hecho que, a su juicio, podría comprometer la integridad de la competición, y prometió llevarla hasta sus últimas consecuencias con la máxima rigurosidad.
El caso reaviva una problemática que el fútbol mundial no ha logrado erradicar: el amaño de partidos. América Central no es ajena a este flagelo, y cada vez que un episodio de estas características sale a la luz, la credibilidad de las competencias queda en entredicho. No importa si al final de la investigación se confirma o se descarta la denuncia: el daño a la imagen del torneo ya está hecho.
Mientras la Liga tramita el expediente y los abogados de Calderón evalúan sus pasos, Herrera se mantiene firme en su postura pública. El fútbol panameño espera una resolución que, en cualquier caso, dejará heridas difíciles de cerrar dentro de un mismo vestuario. Porque más allá de lo que digan los tribunales deportivos, la confianza entre los propios jugadores, ese sostén invisible sin el cual ningún equipo puede funcionar, parece haberse roto en pedazos sobre el césped de San Miguelito.





