El litro trepó a US$ 1,3 y el país quedó tercero en Sudamérica tras una suba acelerada impulsada por el petróleo, impuestos y desregulación.
Argentina pasó en pocos años de tener combustibles entre los más baratos de la región a ubicarse en el podio de los más caros. El litro de nafta alcanzó US$ 1,3, tras subir desde US$ 1,1 en apenas tres semanas, lo que implicó un alza superior al 10%.
Con este nivel, el país se posiciona en el tercer lugar del ranking sudamericano, detrás de Uruguay (US$ 1,89) y Perú (US$ 1,53). Muy cerca queda Chile con US$ 1,33, mientras que economías como Brasil y Colombia presentan valores inferiores.
El salto reciente responde a una combinación de factores. A nivel internacional, el precio del crudo Brent se disparó cerca de 30% en marzo, rozando los US$ 110, en un contexto de tensión geopolítica en Medio Oriente.
En el plano local, el principal motor es el proceso de “sinceramiento” de precios tras años de atraso. Desde la asunción del Gobierno de Javier Milei, el mercado se desreguló y los valores comenzaron a alinearse con la paridad de importación, abandonando el esquema de subsidios que mantenía artificialmente bajos los precios en dólares.
A esto se sumaron la actualización de impuestos a los combustibles, congelados durante años, y una nueva dinámica de ajustes: las petroleras aplican micro aumentos frecuentes en lugar de subas espaciadas, siguiendo dólar, inflación y costos logísticos.
Pese a la escalada, el traslado del precio internacional aún no es completo. En marzo, la nafta súper subió 12% y la premium 7%, por debajo del crudo, lo que presiona los márgenes de refinadoras y anticipa nuevas correcciones si la tendencia global continúa.
En paralelo, el consumo muestra señales débiles: en enero creció apenas 0,1% interanual, con ventas desiguales según región y tipo de combustible.
El escenario inmediato sugiere que los precios seguirán ajustándose. Con un mercado alineado a variables internacionales y menor intervención estatal, la nafta en Argentina quedó expuesta a la volatilidad global, consolidando un cambio estructural que impacta de lleno en inflación, costos logísticos y poder adquisitivo.

Fuente: Clarín





