Carlos Alberto Solari, el Indio, murió este viernes a los 77 años en su casa de Parque Leloir, en el partido bonaerense de Ituzaingó. La causa de su muerte fue un accidente cerebrovascular hemorrágico fulminante que lo sorprendió mientras se encontraba en la pileta climatizada de su vivienda. Fue su cuidadora quien lo encontró y realizó el llamado de emergencia. La Unidad Funcional de Instrucción Nº2 de Ituzaingó montó de inmediato un operativo en el domicilio y la Justicia ordenó una autopsia para confirmar formalmente las causas del fallecimiento.
La ironía del destino quiso que la pileta fuera, al mismo tiempo, su refugio terapéutico y el escenario de su muerte. El Indio había hablado en más de una oportunidad de los ejercicios de elongación en agua tibia como parte de su rutina de tratamiento para el Parkinson. «Me da por pensar lo que pasa con un tipo que tiene la misma enfermedad que yo y que no tiene kinesiólogo ni pileta de agua tibia para hacer sus gimnasias de elongación. Debe ser un sufrimiento mayor», había reflexionado alguna vez, poniendo en perspectiva su propio padecimiento frente al de quienes no tenían sus recursos.
El Parkinson como antecedente
El ACV hemorrágico se produjo sobre un organismo que ya llevaba más de una década en batalla contra el Parkinson. El 12 de marzo de 2016, en un recital en Tandil ante decenas de miles de personas, el Indio había revelado públicamente su diagnóstico: «Anda circulando en internet una versión de que estoy enfermo y es verdad; Mr. Parkinson me anda pisando los talones. Pero bueno, ¡aquí estoy! No me van a bajar del escenario así nomás».
En 2022, participando de forma virtual en una gira española de Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, admitió ante la radio Rock FM que se notaba la progresión del mal y que mitaba sus efectos con la pintura y la escritura, actividades que le permitían apartar de su cuerpo el dolor. Definió la enfermedad como «muy jodida e invalidante».
El vínculo entre el Parkinson avanzado y los accidentes cerebrovasculares no es casual. La enfermedad neurodegenerativa compromete progresivamente el sistema nervioso autónomo, lo que puede alterar la regulación de la presión arterial y aumentar el riesgo cardiovascular y cerebrovascular en pacientes de edad avanzada. Un ACV hemorrágico, a diferencia del isquémico, implica la rotura de un vaso sanguíneo en el cerebro, lo que provoca un sangrado interno de consecuencias habitualmente fulminantes cuando el volumen comprometido es significativo.
Los últimos meses
En febrero de 2026 una internación de urgencia había vuelto a poner su salud en el centro de la agenda pública. Circularon rumores sobre un supuesto ACV, rápidamente desmentidos por su familia, que habló de chequeos de rigor. La cruel paradoja es que aquello que entonces se desmintió terminó siendo, meses después, la causa real de su muerte.
A mediados de mayo recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires. No pudo estar presente por sus problemas de salud, pero envió un breve mensaje de agradecimiento en audio. Fue su última aparición pública. En 2023 había sintetizado su filosofía ante la enfermedad con una frase que ahora resuena como epitafio: «Es lo que hay, hay que darle batalla. Me maltrata menos que a otra gente, porque uno tiene la posibilidad de hacerse tratar de la mejor manera, pero va progresando».
Esa progresión llegó a su fin este viernes, de manera súbita, en el mismo lugar donde el agua tibia le devolvía, por un rato, algo parecido al alivio.




