El Presidente fue distinguido en la Universidad Bar-Ilan, donde defendió el liberalismo, reivindicó valores judeocristianos y reforzó su alineamiento político con Israel en un contexto geopolítico de alta tensión.
En medio de un escenario regional marcado por la incertidumbre geopolítica, el presidente Javier Milei inició su segundo día de visita oficial a Israel con un fuerte gesto político y simbólico: fue ovacionado en la Universidad Bar‑Ilan de Tel Aviv y recibió un Doctorado Honoris Causa “por su firme y valiente liderazgo en defensa de la libertad y la democracia”.
El reconocimiento se dio ante un auditorio de cerca de 700 personas, que lo recibió de pie, con banderas argentinas e israelíes. En primera fila estuvieron ex rehenes argentinos secuestrados por Hamas el 7 de octubre, con quienes Milei se abrazó en un momento de alto impacto emocional.
Durante una clase magistral de casi una hora, el mandatario combinó economía, política y filosofía, con eje en el epílogo de su próximo libro La moral como política de Estado. Allí volvió a reivindicar el capitalismo, al que definió como “la divina maquinaria del paraíso”, y defendió su gestión: “En dos años hicimos más de 15.000 reformas estructurales”, afirmó, desatando aplausos.
Milei también se refirió al conflicto que atraviesa Israel y sostuvo: “Si respetamos el derecho a la vida, no podemos convivir con quienes nos quieren matar”. En ese marco, planteó que las políticas públicas deben basarse en valores éticos y morales para ser justas y eficientes, y vinculó la prosperidad económica con los valores judeocristianos.
Como en otras exposiciones, el Presidente renovó sus críticas al marxismo, al que calificó como “opuesto al programa de Dios”, y cuestionó la justicia social impulsada por gobiernos anteriores, a la que consideró “profundamente injusta y siempre conducente al desastre”.
El discurso incluyó también dardos al periodismo, al que acusó de “jugar para las fuerzas del mal”, y una defensa del liderazgo político frente a las críticas públicas. “Pasan a la historia los que hacen, no los que critican”, sostuvo.
Milei remarcó además su vínculo personal con el judaísmo, influido por el embajador argentino en Israel, Axel Wahnish, a quien definió como su guía espiritual. En un tramo distendido, incluso bromeó con el público y fue interrumpido varias veces por aplausos.
La actividad en la universidad formó parte de una agenda cargada de gestos políticos. Por la tarde, el presidente Isaac Herzog le entregó a Milei una medalla de honor, reforzando la sintonía bilateral. El mandatario estuvo acompañado por su hermana Karina Milei, el canciller y el ministro de Justicia.
Entre los asistentes, las reacciones fueron diversas. Algunos valoraron el respaldo simbólico en un momento crítico para Israel; otros cuestionaron la extensión y el tono del discurso. Aun así, el evento dejó en claro el posicionamiento internacional que Milei busca profundizar.
La visita consolida el alineamiento estratégico del Gobierno argentino con Israel, en un contexto global sensible, y refuerza el perfil ideológico del Presidente en la escena internacional. El impacto político del viaje podría proyectarse en futuras definiciones diplomáticas y en el posicionamiento externo de la Argentina.
Fuente: La Nación






