El presidente de Estados Unidos dijo que podría intervenir para intentar resolver la disputa entre Argentina y el Reino Unido. La Casa Rosada analiza la propuesta, mientras Londres ratificó que no negociará la soberanía y volvió a respaldar la autodeterminación de los isleños.
Donald Trump introdujo una variable inesperada en la disputa por las Islas Malvinas al ofrecerse públicamente a intervenir entre Argentina y el Reino Unido. El presidente estadounidense sostuvo durante su visita a Irlanda que un nuevo enfrentamiento sería un “desastre potencial” y aseguró que, si ambas partes lo involucraran, probablemente podría encontrar una salida.
No fue una declaración aislada. Dos semanas antes, Trump había afirmado que estaba revisando la posición de Estados Unidos sobre Malvinas y posteriormente evitó comprometer un eventual respaldo a Londres ante una nueva escalada. Ese movimiento fue interpretado en Buenos Aires como una oportunidad diplomática, aunque hasta ahora Washington no reconoció la soberanía argentina ni presentó una propuesta formal de negociación.
Qué ofreció Trump
El cambio más relevante de las últimas horas fue el salto desde una eventual revisión de la postura norteamericana hacia un ofrecimiento explícito de involucramiento personal.
Trump planteó que Argentina y el Reino Unido están enfrentados por las islas y señaló que podría intervenir si fuera convocado. También puso en duda la capacidad o voluntad británica de repetir una operación militar semejante a la de 1982, al remarcar la distancia de las islas respecto de Europa y los problemas internos que atraviesa actualmente el Reino Unido.
La diferencia es importante: hasta ahora Trump no propuso una fórmula sobre soberanía, administración conjunta, transferencia territorial ni un cronograma de conversaciones. Lo que ofreció es mediación, no una solución determinada de antemano.
Tampoco anunció que Estados Unidos haya abandonado formalmente su posición sobre el diferendo. El 31 de agosto se limitó a señalar que estaba revisándola: “Siempre reviso cada posición”, respondió cuando fue consultado.
Milei vio una oportunidad
La Casa Rosada recibió las palabras de Trump como una señal favorable.
Fuentes del Gobierno admitieron que la posibilidad de una participación estadounidense está “en evaluación” y calificaron el ofrecimiento como importante. Sin embargo, hasta este fin de semana no existía una decisión argentina de solicitar formalmente la mediación ni estaba definido bajo qué mecanismo diplomático podría instrumentarse.
La cautela responde también a un dato político: apenas días antes, el propio Gobierno había asegurado que Javier Milei no le había pedido a Trump que intercediera ante Londres y que la ofensiva argentina era una decisión propia.
La relación personal entre Milei y Trump le ofrece a la Argentina un canal que anteriores gobiernos no tuvieron con la misma intensidad. Pero esa cercanía no garantiza que Washington esté dispuesto a enfrentar diplomáticamente a uno de sus principales aliados históricos.
Londres cerró filas
La respuesta británica fue inmediata y prácticamente no dejó margen para interpretar un cambio de posición.
La ministra británica Kirsty McNeill afirmó en la Cámara de los Comunes que “no hay duda” sobre la soberanía británica y aseguró que el compromiso de Londres con los habitantes de las islas permanece sin cambios. Además, sostuvo que Estados Unidos conoce claramente la posición del Reino Unido.
La posición británica continúa apoyándose en el principio de autodeterminación y en el referéndum realizado en las islas en 2013, cuando una abrumadora mayoría de los habitantes manifestó su voluntad de mantener el vínculo con el Reino Unido.
Argentina rechaza que ese principio pueda aplicarse al caso Malvinas y sostiene que se trata de una disputa de soberanía entre dos Estados reconocida por Naciones Unidas, cuya solución debe surgir de negociaciones bilaterales.
Ahí se encuentra el núcleo de una diferencia que permanece sin cambios.
El petróleo volvió a endurecer el conflicto
La intervención de Trump apareció, además, en medio de una nueva escalada por la explotación petrolera alrededor del archipiélago.
El Gobierno argentino reaccionó contra el proyecto Sea Lion, que prevé producir petróleo en la Cuenca Malvinas Norte. Argentina presentó una denuncia penal contra empresas vinculadas al emprendimiento y endureció el régimen de sanciones para compañías que operen sin autorización nacional.
El proyecto, encabezado por Navitas Petroleum con participación de Rockhopper, proyecta comenzar la producción en 2028, con una capacidad inicial cercana a 50.000 barriles diarios.
Milei también anunció medidas administrativas, comerciales y de Defensa, pero el Gobierno remarcó que el reclamo argentino seguirá siendo pacífico y diplomático, descartando una estrategia militar.
¿Puede servir realmente la mediación de Trump?
Una intervención de Estados Unidos podría tener valor político, pero su capacidad para destrabar la disputa dependerá de una condición decisiva: que el Reino Unido acepte discutir la soberanía.
Ese escenario hoy no existe.
Londres sostiene que no tiene nada que negociar mientras los habitantes de las islas quieran continuar bajo soberanía británica. Argentina, por el contrario, afirma que existe una disputa bilateral pendiente y reclama que el Reino Unido cumpla las resoluciones internacionales que llaman a negociar.
Por eso, una gestión de Trump podría resultar útil principalmente para volver a sentar a las partes alrededor de una mesa, generar medidas de confianza o introducir presión diplomática sobre Londres. Pero Estados Unidos no puede imponer por sí solo una solución territorial.
Incluso dentro del Gobierno argentino existen antecedentes de cautela. Antes del último ofrecimiento de Trump, fuentes oficiales reconocían que una escalada excesiva podía producir el efecto contrario y endurecer todavía más al Reino Unido.
La oportunidad existe, pero por ahora es diplomática y no constituye un giro jurídico sobre la soberanía.
Una relación también atravesada por Washington y Londres
Existe otro elemento que obliga a moderar las expectativas.
Estados Unidos y el Reino Unido mantienen una de las alianzas estratégicas más estrechas del mundo. Aunque Trump mostró malestar con Londres por diferencias en política exterior y defensa, el Gobierno británico dejó en claro que considera que Washington comprende su posición sobre Malvinas.
Algunos análisis publicados en medios nacionales e internacionales señalan incluso que Trump utiliza el tema Malvinas como una herramienta adicional de presión para exigirle al Reino Unido mayor gasto militar y acompañamiento a la política exterior estadounidense. Esa hipótesis explicaría parte del endurecimiento verbal del mandatario norteamericano, pero no equivale a un respaldo estadounidense al reclamo argentino.
Ese es el límite que hasta ahora no cruzó la Casa Blanca.
Qué dice Naciones Unidas
La disputa tampoco comienza con Trump.
En junio pasado, el Comité Especial de Descolonización de Naciones Unidas volvió a pedir que Argentina y el Reino Unido reanuden las negociaciones para encontrar una solución pacífica a la disputa de soberanía.
Malvinas permanece desde 1946 en la lista de territorios no autónomos de Naciones Unidas y la cuestión es tratada de manera específica por el organismo desde hace décadas.
La posición argentina se apoya especialmente en la Resolución 2065 de la Asamblea General, de 1965, que reconoció la existencia de una disputa entre Argentina y el Reino Unido y convocó a las partes a negociar. Londres mantiene una interpretación diferente y prioriza la voluntad de los habitantes de las islas.
La contradicción permanece sin resolver.
Cómo sigue ahora
El próximo movimiento estará en manos de Milei.
El Gobierno deberá decidir si transforma las declaraciones de Trump en una propuesta diplomática formal o si utiliza el acercamiento con Washington simplemente para aumentar la presión internacional sobre Londres.
La Casa Rosada también espera nuevos contactos con la administración estadounidense y Milei tiene previsto volver a coincidir con Trump en el marco de la Asamblea General de Naciones Unidas.
Del lado británico, por ahora no existen señales de apertura. Incluso la tensión provocó que Milei suspendiera una visita prevista a Londres para octubre, donde tenía programada una conferencia en Oxford y reuniones empresariales, aunque no una bilateral con el Gobierno británico.
La aparición de Trump cambió el escenario porque incorporó al presidente de la principal potencia occidental como potencial intermediario. Pero todavía no cambió el conflicto de fondo: Argentina reclama negociar soberanía; el Reino Unido rechaza hacerlo.
La verdadera prueba comenzará si Washington decide pasar de las declaraciones a una iniciativa concreta y, sobre todo, si logra algo que hasta ahora ningún gobierno consiguió durante décadas: que Londres vuelva a aceptar una negociación sobre la soberanía de las Malvinas.




