Estados Unidos aplicará una tasa del 10% a parte de las exportaciones argentinas. Mosto, aceite de oliva, vinos, pasas y otros productos sanjuaninos quedan bajo revisión, mientras que el aceite de jojoba aparece entre las posiciones exceptuadas.
La nueva ofensiva arancelaria del presidente estadounidense Donald Trump volverá a afectar a las exportaciones sanjuaninas, principalmente a los productos agroindustriales que tienen a Estados Unidos como uno de sus mercados estratégicos.
Argentina quedó incluida en el grupo de países alcanzados por la tasa mínima del 10%, dentro de un esquema que aplica gravámenes de entre 10% y 12,5% a 60 socios comerciales. La medida entró en vigencia este viernes y reemplaza al arancel temporal que Estados Unidos había aplicado durante los últimos 150 días.
El impacto sobre San Juan no será uniforme. Dependerá de la posición arancelaria de cada producto y de las excepciones incorporadas por Washington. Entre los bienes argentinos excluidos aparece el aceite de jojoba, una producción con presencia en la provincia, junto con determinadas maderas, piedras preciosas, flores, corcho y otros artículos.
Los principales interrogantes se concentran ahora en el mosto, el aceite de oliva, los vinos, las pasas, las aceitunas, el ajo y algunas frutas frescas. Esos productos integran el núcleo de las ventas sanjuaninas al mercado estadounidense y ya habían quedado bajo análisis durante la primera ronda arancelaria de Trump, anunciada en 2025.
Estados Unidos se encuentra entre los mercados externos más relevantes para la provincia. Durante 2024, las exportaciones sanjuaninas hacia ese destino alcanzaron los US$47,5 millones, con un crecimiento interanual del 55% en valor y del 59% en volumen.
El 90% de esas operaciones estaba concentrado en seis productos. El mosto y el aceite de oliva representaban, por sí solos, aproximadamente el 70% de las ventas, con una participación cercana al 35% cada uno.
La principal consecuencia del arancel es que el producto exportado se encarece al ingresar al mercado estadounidense. Esa diferencia puede ser absorbida por el importador, trasladada al consumidor o negociada mediante una reducción del precio recibido por el productor y el exportador sanjuanino.
El presidente de la Cámara de Comercio Exterior de San Juan, Antonio Giménez, había advertido durante las primeras medidas de Trump que “una suba de aranceles implica que nuestros productos serán más caros para ese mercado”. No obstante, reclamó evitar conclusiones generales y analizar el impacto posición por posición.
En el caso del mosto concentrado, el sector ya enfrentaba un gravamen cercano a US$150 por tonelada, equivalente aproximadamente al 10% de un valor promedio de exportación de US$1.500 por tonelada. Por esa razón, el nuevo esquema podría no significar una variación sustancial si no se acumula con el tributo anterior.
La letra chica resulta determinante. Estados Unidos informó que el nuevo arancel no se sumará a gravámenes especiales aplicados por razones de seguridad nacional, como los correspondientes al acero y al aluminio. También dispuso excepciones para ciertos alimentos, productos agrícolas, materias primas, fertilizantes y bienes energéticos.
Además, Washington mantendrá sin aranceles 1.675 productos argentinos contemplados en el acuerdo comercial firmado entre ambos países en febrero. A esa lista se agregaron otras 93 posiciones específicas, aunque todavía será necesario cotejar cada categoría para determinar qué producciones sanjuaninas quedaron efectivamente protegidas.
Una ventaja frente a otros competidores
Aunque el nuevo esquema eleva los costos de acceso, Argentina quedó en la franja arancelaria más baja. Brasil afrontará una tasa del 12,5%, que se suma a otros gravámenes aplicados por Estados Unidos a parte de sus exportaciones. Otros socios también recibirán tratamientos diferenciados según el producto y el país de origen.
Esa diferencia puede mejorar la competitividad relativa de algunos bienes sanjuaninos frente a producciones de Brasil, Sudáfrica, Europa u otros mercados que compiten en vino, aceite de oliva, frutas secas y alimentos procesados.
El Gobierno de San Juan ya había evaluado en 2025 que una política arancelaria generalizada podía convertirse en una oportunidad si alcanzaba con tasas iguales o superiores a los principales competidores. El ministro de Producción, Gustavo Fernández, sostuvo entonces que el efecto sobre los productos centrales de la provincia podía ser “casi neutro”, aunque subordinó esa conclusión al análisis de cada posición.
Sin embargo, la ventaja arancelaria no elimina otros problemas estructurales. Los exportadores sanjuaninos deben afrontar costos logísticos elevados, distancia con los puertos, presión tributaria y oscilaciones del tipo de cambio, factores que pueden reducir el margen disponible para absorber un nuevo recargo.
El cobre, con impacto de largo plazo
La minería metalífera todavía no genera exportaciones de cobre desde San Juan, pero la política comercial estadounidense tendrá relevancia para proyectos como Los Azules, Josemaría, Filo del Sol y El Pachón.
El cobre es considerado un mineral estratégico por Estados Unidos y su demanda crecerá con la electrificación, las energías renovables y la expansión tecnológica. Desde la Cámara Minera de San Juan habían señalado que gravar ese metal resultaría contradictorio con su condición de mineral crítico y con la necesidad estadounidense de asegurar nuevas fuentes de abastecimiento.
El acuerdo bilateral firmado entre Argentina y Estados Unidos había generado expectativas para el cobre, el mosto y el vino sanjuanino. El sector exportador provincial destacó entonces que el entendimiento no constituía un tratado de libre comercio, sino un mecanismo para reducir aranceles y barreras de manera gradual y producto por producto.
El efecto inmediato de la nueva medida estará centrado en la agroindustria. Para determinar su verdadera magnitud será necesario conocer la nómina definitiva de posiciones alcanzadas, si los nuevos gravámenes reemplazan o se acumulan con las tasas anteriores y cómo reaccionan los compradores estadounidenses.
La continuidad de las negociaciones entre Buenos Aires y Washington será clave. Una ampliación de las excepciones podría proteger las exportaciones provinciales; en cambio, una aplicación plena del 10% sobre mosto, aceite de oliva, vinos y pasas obligaría a las empresas sanjuaninas a renegociar precios, absorber costos o buscar nuevos mercados.y otros productos sanjuaninos quedan bajo revisión, mientras que el aceite de jojoba aparece entre las posiciones exceptuadas.
La nueva ofensiva arancelaria del presidente estadounidense Donald Trump volverá a afectar a las exportaciones sanjuaninas, principalmente a los productos agroindustriales que tienen a Estados Unidos como uno de sus mercados estratégicos.
Argentina quedó incluida en el grupo de países alcanzados por la tasa mínima del 10%, dentro de un esquema que aplica gravámenes de entre 10% y 12,5% a 60 socios comerciales. La medida entró en vigencia este viernes y reemplaza al arancel temporal que Estados Unidos había aplicado durante los últimos 150 días.
El impacto sobre San Juan no será uniforme. Dependerá de la posición arancelaria de cada producto y de las excepciones incorporadas por Washington. Entre los bienes argentinos excluidos aparece el aceite de jojoba, una producción con presencia en la provincia, junto con determinadas maderas, piedras preciosas, flores, corcho y otros artículos.
Los principales interrogantes se concentran ahora en el mosto, el aceite de oliva, los vinos, las pasas, las aceitunas, el ajo y algunas frutas frescas. Esos productos integran el núcleo de las ventas sanjuaninas al mercado estadounidense y ya habían quedado bajo análisis durante la primera ronda arancelaria de Trump, anunciada en 2025.
Estados Unidos se encuentra entre los mercados externos más relevantes para la provincia. Durante 2024, las exportaciones sanjuaninas hacia ese destino alcanzaron los US$47,5 millones, con un crecimiento interanual del 55% en valor y del 59% en volumen.
El 90% de esas operaciones estaba concentrado en seis productos. El mosto y el aceite de oliva representaban, por sí solos, aproximadamente el 70% de las ventas, con una participación cercana al 35% cada uno.
La principal consecuencia del arancel es que el producto exportado se encarece al ingresar al mercado estadounidense. Esa diferencia puede ser absorbida por el importador, trasladada al consumidor o negociada mediante una reducción del precio recibido por el productor y el exportador sanjuanino.
El presidente de la Cámara de Comercio Exterior de San Juan, Antonio Giménez, había advertido durante las primeras medidas de Trump que “una suba de aranceles implica que nuestros productos serán más caros para ese mercado”. No obstante, reclamó evitar conclusiones generales y analizar el impacto posición por posición.
En el caso del mosto concentrado, el sector ya enfrentaba un gravamen cercano a US$150 por tonelada, equivalente aproximadamente al 10% de un valor promedio de exportación de US$1.500 por tonelada. Por esa razón, el nuevo esquema podría no significar una variación sustancial si no se acumula con el tributo anterior.
La letra chica resulta determinante. Estados Unidos informó que el nuevo arancel no se sumará a gravámenes especiales aplicados por razones de seguridad nacional, como los correspondientes al acero y al aluminio. También dispuso excepciones para ciertos alimentos, productos agrícolas, materias primas, fertilizantes y bienes energéticos.
Además, Washington mantendrá sin aranceles 1.675 productos argentinos contemplados en el acuerdo comercial firmado entre ambos países en febrero. A esa lista se agregaron otras 93 posiciones específicas, aunque todavía será necesario cotejar cada categoría para determinar qué producciones sanjuaninas quedaron efectivamente protegidas.
Una ventaja frente a otros competidores
Aunque el nuevo esquema eleva los costos de acceso, Argentina quedó en la franja arancelaria más baja. Brasil afrontará una tasa del 12,5%, que se suma a otros gravámenes aplicados por Estados Unidos a parte de sus exportaciones. Otros socios también recibirán tratamientos diferenciados según el producto y el país de origen.
Esa diferencia puede mejorar la competitividad relativa de algunos bienes sanjuaninos frente a producciones de Brasil, Sudáfrica, Europa u otros mercados que compiten en vino, aceite de oliva, frutas secas y alimentos procesados.
El Gobierno de San Juan ya había evaluado en 2025 que una política arancelaria generalizada podía convertirse en una oportunidad si alcanzaba con tasas iguales o superiores a los principales competidores. El ministro de Producción, Gustavo Fernández, sostuvo entonces que el efecto sobre los productos centrales de la provincia podía ser “casi neutro”, aunque subordinó esa conclusión al análisis de cada posición.
Sin embargo, la ventaja arancelaria no elimina otros problemas estructurales. Los exportadores sanjuaninos deben afrontar costos logísticos elevados, distancia con los puertos, presión tributaria y oscilaciones del tipo de cambio, factores que pueden reducir el margen disponible para absorber un nuevo recargo.
El cobre, con impacto de largo plazo
La minería metalífera todavía no genera exportaciones de cobre desde San Juan, pero la política comercial estadounidense tendrá relevancia para proyectos como Los Azules, Josemaría, Filo del Sol y El Pachón.
El cobre es considerado un mineral estratégico por Estados Unidos y su demanda crecerá con la electrificación, las energías renovables y la expansión tecnológica. Desde la Cámara Minera de San Juan habían señalado que gravar ese metal resultaría contradictorio con su condición de mineral crítico y con la necesidad estadounidense de asegurar nuevas fuentes de abastecimiento.
El acuerdo bilateral firmado entre Argentina y Estados Unidos había generado expectativas para el cobre, el mosto y el vino sanjuanino. El sector exportador provincial destacó entonces que el entendimiento no constituía un tratado de libre comercio, sino un mecanismo para reducir aranceles y barreras de manera gradual y producto por producto.
El efecto inmediato de la nueva medida estará centrado en la agroindustria. Para determinar su verdadera magnitud será necesario conocer la nómina definitiva de posiciones alcanzadas, si los nuevos gravámenes reemplazan o se acumulan con las tasas anteriores y cómo reaccionan los compradores estadounidenses.
La continuidad de las negociaciones entre Buenos Aires y Washington será clave. Una ampliación de las excepciones podría proteger las exportaciones provinciales; en cambio, una aplicación plena del 10% sobre mosto, aceite de oliva, vinos y pasas obligaría a las empresas sanjuaninas a renegociar precios, absorber costos o buscar nuevos mercados.




