El primer semestre de 2026 cerró con un fuerte repunte de las ventas externas. El impulso llegó de la mano del vino a granel y el mosto concentrado, mientras el valor exportado superó los US$ 392 millones.
La industria vitivinícola argentina completó un primer semestre con resultados positivos en los mercados internacionales. De acuerdo con el último informe del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), entre enero y junio de 2026 las exportaciones de vino alcanzaron los 102.607.700 litros, lo que representó un crecimiento del 14,2% respecto del mismo período del año pasado.
El buen desempeño también se reflejó en la facturación. El valor FOB de las exportaciones de vino y mosto llegó a US$ 392.546.000, un incremento del 6,6% interanual, consolidando la recuperación del sector exportador.
El principal motor del crecimiento fue el vino a granel, cuyas ventas al exterior aumentaron 52,7% durante el semestre. En tanto, los vinos fraccionados registraron una mejora más moderada, del 2,4%, mientras que los espumosos mostraron una evolución favorable, especialmente durante junio.
En el sexto mes del año, las exportaciones de vino totalizaron 17.291.500 litros, con una suba interanual del 11,6%. Dentro de ese desempeño se destacaron los vinos fraccionados (+13,2%), los espumosos (+89,6%) y los vinos a granel (+6,2%).
Otro de los grandes protagonistas del semestre fue el mosto concentrado, que continúa consolidando su presencia en los mercados internacionales. En junio, sus exportaciones crecieron 89,5% respecto del mismo mes de 2025 y, en el acumulado semestral, alcanzaron 48.601 toneladas, con un incremento del 38,3%.
Los resultados reflejan una mejora en la competitividad de la vitivinicultura argentina y representan una señal positiva para provincias productoras como San Juan y Mendoza, donde el vino y el mosto constituyen actividades estratégicas para la generación de divisas, empleo y valor agregado. El desafío para el segundo semestre será sostener este ritmo de crecimiento en un escenario internacional marcado por la volatilidad de los mercados y la competencia de otros países productores.








