El reconocido cantor sanjuanino falleció el miércoles y dejó una profunda huella en el folklore regional. Su trayectoria estuvo marcada por la defensa de las tonadas y la identidad cultural de Cuyo.
La cultura sanjuanina atraviesa horas de duelo tras conocerse el fallecimiento de José «Pepe» Sarasúa, una de las voces más representativas y respetadas de la música cuyana. La noticia generó numerosas muestras de pesar entre músicos, artistas, instituciones culturales y seguidores que durante décadas acompañaron su trayectoria.
Dueño de una voz reconocible y de una permanente vocación por difundir el cancionero regional, Sarasúa se convirtió en un referente del folklore cuyano, construyendo una carrera sostenida por el compromiso con las tradiciones musicales de San Juan y de toda la región.
Aunque desarrolló gran parte de su vida laboral fuera de los escenarios, desempeñándose en el Banco Hipotecario luego de haberse recibido de técnico, nunca abandonó su vínculo con la música. Por el contrario, mantuvo una actividad constante en festivales, encuentros culturales, peñas y escenarios donde las tonadas y cuecas cuyanas encontraban un espacio de expresión.
Su figura trascendió por una decisión personal que marcó su recorrido artístico. En distintas oportunidades sostuvo que nunca quiso depender económicamente del canto, una elección que le permitió vivir la música desde la pasión y el compromiso cultural antes que desde una lógica comercial.
A lo largo de los años compartió escenario con algunos de los nombres más importantes del folklore regional. Entre ellos figuran El Negro Villa, Silas Manrique, Miguel Ángel Yacante, Rolando García Gómez, Los Caballeros de la Guitarra y los Hermanos de la Torre, con quienes construyó vínculos artísticos y personales que fortalecieron el desarrollo de la música cuyana.
Su reconocimiento también se extendió más allá de San Juan. Sarasúa participó en escenarios emblemáticos de la región, entre ellos el tradicional Boliche de Don Miranda, en Villa Mercedes, San Luis, considerado uno de los espacios históricos para la difusión de la cultura cuyana. Asimismo, mantuvo una estrecha relación con destacados músicos mendocinos, entre ellos Jorge Viñas, consolidando los lazos culturales entre las provincias de Cuyo.
Los orígenes de su vocación musical estuvieron profundamente ligados a su entorno familiar. Su padre, quien se desempeñaba como primer tenor, fue uno de los primeros impulsores de su formación artística. También tuvo una influencia decisiva su madrina, Aída Marchese de Poblete, histórica referente cultural sanjuanina vinculada al Festival Nacional de Cosquín.
Otra figura fundamental en su desarrollo fue Don Benicio Bustos, quien le transmitió conocimientos y herramientas para interpretar las tonadas cuyanas con la profundidad expresiva que caracterizó toda su carrera. Esa formación terminó moldeando un estilo propio que lo convirtió en una referencia para varias generaciones de intérpretes.
Más allá de sus actuaciones y grabaciones, Sarasúa fue reconocido por su permanente disposición a participar de encuentros culturales, guitarreadas y actividades destinadas a preservar las tradiciones musicales de la región. Esa cercanía con colegas y público contribuyó a construir una imagen ampliamente valorada dentro del ambiente artístico sanjuanino.
Su fallecimiento representa una pérdida significativa para el patrimonio cultural de la provincia. En un contexto donde las expresiones tradicionales enfrentan el desafío de sostener su vigencia frente a nuevas tendencias musicales, figuras como Sarasúa ocuparon un papel central en la preservación y difusión de la identidad cuyana.
Con su partida se apaga una de las voces más reconocidas del folklore regional. Sin embargo, su legado permanecerá en las tonadas que interpretó, en los escenarios que recorrió y en el aporte realizado durante décadas para mantener viva una de las expresiones culturales más representativas de San Juan y de toda la región de Cuyo.




