El atraso en los créditos de los hogares llegó al 12,8%, el nivel más alto en más de 20 años. Préstamos personales y tarjetas concentran el problema. Las entidades comenzaron a extender plazos y bajar tasas, mientras la Nación sostiene que no habrá un salvataje estatal.
El endeudamiento de las familias argentinas encendió una señal de alarma en el sistema financiero. La mora de los hogares alcanzó en mayo el 12,8% de los créditos bancarios, el registro más alto en más de dos décadas, y obligó a bancos públicos y privados a desplegar planes de refinanciación para evitar que más clientes queden fuera del sistema crediticio.
Los datos del Banco Central muestran la velocidad del deterioro. La irregularidad entre las familias aumentó 8,3 puntos porcentuales en apenas un año. Los mayores problemas están en los préstamos personales, donde la mora llegó al 15,9%, y en las tarjetas de crédito, con un 13,1%.
La situación adquiere otra dimensión cuando se observa la cantidad de personas involucradas. De acuerdo con datos de la Central de Deudores del Banco Central difundidos por medios nacionales, 20,9 millones de argentinos tienen algún tipo de deuda financiera y 5,8 millones acumulaban al menos una obligación con más de 90 días de atraso en mayo. Es decir, alrededor del 28% de los deudores ya registraba incumplimientos significativos.
El problema tampoco termina en los bancos. El último informe del BCRA sobre proveedores no financieros muestra índices todavía más elevados entre quienes toman créditos fuera del sistema bancario tradicional. A febrero, la irregularidad alcanzaba el 26,2% entre las fintech y el 20,7% entre otras emisoras de tarjetas de crédito. En las empresas vinculadas con venta de electrodomésticos trepaba al 44,3%.
La combinación de ingresos familiares ajustados, cuotas acumuladas y costo financiero convirtió al crédito en una herramienta cada vez más difícil de sostener. Al mismo tiempo, el aumento de los incumplimientos comenzó a impactar sobre la propia oferta: las entidades deben afrontar mayor riesgo crediticio y endurecen las condiciones para prestar, un fenómeno que puede terminar afectando el consumo y la recuperación de la actividad.
Frente al aumento de la mora, los bancos comenzaron a priorizar la refinanciación, la extensión de los plazos y la consolidación de varias deudas en un único crédito.
El Banco Nación, por ejemplo, puso en marcha alternativas para reestructurar saldos de tarjetas de hasta $10 millones, con plazos de hasta 60 meses y una TNA informada inicialmente del 35%. Para clientes con atrasos superiores a 90 días contempla opciones que pueden extenderse hasta 96 meses, sujetas a evaluación crediticia.
La entidad también dispone de mecanismos para consolidar obligaciones contraídas en diferentes bancos y llegó a incorporar una alternativa UVA para determinadas deudas de consumo, con plazos de hasta 120 meses, buscando reducir el peso inicial de las cuotas.
El Banco Provincia avanzó en la misma dirección. Su programa de refinanciación extendió los pagos hasta 72 meses y aplicó condiciones diferenciadas para clientes en mora. La entidad informó que había refinanciado alrededor de $270.000 millones mediante unos 70.000 acuerdos durante el primer semestre.
La reacción no se limita a la banca pública. El ministro de Economía, Luis Caputo, aseguró que el Gobierno mantuvo conversaciones con entidades privadas y sostuvo que algunos bancos comenzaron a ofrecer refinanciaciones con plazos más largos y tasas cercanas al 25% anual para determinados clientes.
La posición de la Casa Rosada, sin embargo, marca un límite claro: no habrá un programa general de rescate financiado por el Estado.
Caputo atribuyó parte del fenómeno a decisiones tomadas durante el período de mayor inflación. “La gente se sobreendeudó a tasas muy altas, pensando que la inflación iba a licuar las deudas y eso no pasó”, afirmó el ministro al analizar el crecimiento de los incumplimientos.
El titular de Economía también sostuvo que la salida debe surgir fundamentalmente de la relación entre bancos y clientes. Sobre las conversaciones mantenidas con las entidades, señaló: “Están apuntando a refinanciar estas deudas a más largo plazo y a tasas más bajas”.
La estrategia oficial apuesta así a que sean los propios bancos los que reestructuren las obligaciones antes de que los deudores pasen a categorías de mayor irregularidad y queden excluidos del crédito.
El sistema financiero observa ahora si mayo marcó efectivamente un techo. Fuentes bancarias consultadas por medios nacionales proyectaron que la mora podría comenzar a disminuir durante el segundo semestre de 2026, aunque esa expectativa dependerá de la evolución de los ingresos, las tasas y la capacidad de los hogares para afrontar las nuevas cuotas.
El dato será clave más allá de los balances bancarios. Si millones de familias continúan destinando una proporción creciente de sus ingresos a cancelar tarjetas y préstamos, el problema puede trasladarse directamente al consumo. Y sin una recuperación de la capacidad de pago, las refinanciaciones podrán extender los vencimientos, pero difícilmente resolverán por sí solas el problema de fondo.




