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LA HIJA DE UN SANJUANINO DESAPARECIDO REIVINDICÓ A SUS APROPIADORES

LA HIJA DE UN SANJUANINO DESAPARECIDO REIVINDICÓ A SUS APROPIADORES

El Gobierno Nacional emitió este 24 de marzo un spot al que llamó Memoria Completa. Y el testimonio más fuerte fue el de la nieta 127, hija del sanjuanino Carlos Poblete.

La Justicia determinó que Miriam Fernández nació en la ESMA y fue inscripta ilegalmente en Mendoza por un policía y su esposa, quienes fueron condenados por apropiación y otros delitos. Sus padres biológicos fueron secuestrados y desaparecidos en 1977. La mujer participó del video oficial que planteó un pedido de memoria completa sobre la última dictadura. Testimonio de Miriam Fernández en el spot “No te pueden obligar después de 40 años a decir que son tus apropiadores. Son mis padres. No es padre quien te trae al mundo, sino quien te cría”.

Fernández, oriunda de Mendoza, fue restituida el 27 de diciembre de 2017, cuando se confirmó que es hija de María del Carmen Moyano y Carlos Simón Poblete. Según relata en el documental, decidió —mediante un proceso judicial— mantener el apellido de sus padres de crianza, Armando Osvaldo Fernández e Iris Yolanda Luffi —fallecida en 2023—. “Elegí la familia esa, que iba a seguir siendo Fernández siempre”, sostuvo.

Fernández nació en cautiverio en la entonces Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Sus padres —que compartieron militancia en la organización Montoneros— habían sido secuestrados entre abril y mayo de 1977 en Córdoba, cuando la mujer estaba casi a término de su embarazo, y habían sido llevados al centro clandestino La Perla. Ambos continúan desaparecidos.

Testimonios de sobrevivientes indicaron que el parto fue asistido por el médico Jorge Luis Magnacco, posteriormente condenado por delitos de lesa humanidad.

“Estuve una semana fuera hasta que esta gente se fuera y el día de la citación, como no me presenté, me mandaron Gendarmería a mi casa a custodiar y a ver por qué no me había presentado», añadió y lamentó: “Había hasta vecinos míos que estaban camuflados, que eran gente de inteligencia, por así decir, donde en el expediente había fotos, horarios de donde yo entraba, salía, con quién entraba. Una invasión a la privacidad terrible”.

“¿Dónde está el negocio de hacerse cargo de una niña ajena, darle educación, darle amor, darle valores? Eso no es un negocio; eso es amor. Mi infancia fue hermosa. Fui criada en el seno de una familia de un padre, una madre y cinco hermanos», subrayó y apuntó: “Me defino como una ciudadana más que trata de no victimizarme y que nadie me victimice por la situación que viví”.

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María del Carmen Moreno nació en Godoy Cruz, Mendoza, el 9 de mayo de 1954. Era la tercera de cuatro hermanos. Su familia le decía Pichona o La Gorda. Practicaba natación, jugaba al básquet y al vóley en el club Talleres. Estudió Farmacia y Bioquímica en el Instituto Maza de Mendoza y trabajó en una oficina de Tránsito y Transporte como empleada administrativa. “Los chicos eran sumamente buena gente, eran idealistas, defendían a los más desprotegidos. Habían puesto un dispensario en una zona con población más necesitada, con medicamentos, junto al sacerdote del lugar–el padre Pedro quien luego también sería desaparecido por el terrorismo de Estado –,” recuerda Adriana.

“María del Carmen en la facultad militaba en la JP. Y nos allanaron la casa. Y le dijimos que no se apareciera, porque ya estaban torturando a las personas. Y para evitar eso la mandaron a San Juan, donde tenemos otros parientes. Y ahí fue que conoció a Carlos”, explica Adriana.

Elsa convivió con los padres de la nieta 127 durante un mes: “Él era tímido y ella muy extrovertida, tenía una sonrisa muy hermosa. Era una bella persona, por dentro y por fuera. Se notaba que estaban enamorados y ahí nomás nos contaron que ella estaba embarazada así que era muy lindo, eran dos jóvenes muy bonitos con una linda historia de amor. Con amor han tenido a esa nena y han luchado hasta la muerte”.

Carlos y María del Carmen se fueron a Córdoba donde los detuvieron. Estuvieron en La Perla, de donde se cree que Carlos nunca pudo salir. A María del Carmen la llevaron a la ESMA donde dio luz a su hija en un parto fue atendido por el médico represor Jorge Luis Magnacco, quien hoy se encuentra en libertad. «No te hagas problema que tu sobrina era linda, gordita y bonita. Y seguramente la tiene alguien”, le dijo una sobreviviente de la ESMA a Adriana.

El diario El Sol de Mendoza publicó una extensa entrevista a Miriam Fernández cuando se realizaba el juicio contra sus padres apropiadores. Esta es parte de la nota:

Mientras el proceso judicial se desarrolla, Miriam decidió hacer pública su historia personal.

– ¿Cómo y cuándo arrancó la búsqueda de tu identidad?

– Entre los 14 y 15 años comencé a sospechar. El tema de los desaparecidos durante la dictadura militar comenzaba a abordarse en los colegios porque antes era un tabú, y ahí empezaron a surgir mis dudas, luego de varios rumores que ya me habían llegado de terceros y decidí hablarlo con mis cinco hermanos.

En medio de la reconstrucción de mi infancia, mi hermano mayor me contó que él no tenía recuerdos míos de bebé, al menos, no en la panza de mi madre. Sí se acordaba que en la casa habían dos bebés refiriéndose a mi otro hermano que, cuando yo llegué a la casa, tenía apenas un año.

Fueron días y días de charlas entre hermanos, sin la presencia ni el conocimiento de mis padres. Hubo mucha búsqueda de recuerdos sin éxito, pero algo en mí estaba claro y es que nada me generaba ser hija adoptiva, es decir, si realmente mi sospecha se confirmaba no me modificaba en nada respecto al amor que sentía por mis padres y hermanos.

– ¿Cómo enfrentaste a tus supuestos padres?

– Todo me llevaba a creer que realmente era adoptada, incluso, por el año de mi nacimiento (1977) la sospecha de que era hija de desaparecidos crecía. Por ello, una mañana decidí enfrentar a mi papá y le pedí directamente que me contara la verdad porque algo intuía sobre mi historia.

La reacción de él fue de sorpresa, al comienzo, y luego me contó cómo llegué a la familia. Lo primero que me dijo fue que nunca conoció a mis padres biológicos, pero que si era mi necesidad encontrarlos me iba a acompañar en ese camino.

Luego enfrenté a mi madre que, en un principio negó la historia, pero luego motivada por mi padre la admitió y llorando me dijo que lo hizo por amor y que lo volvería a hacer.

– ¿Cómo llegaste a ese hogar?

– De acuerdo con el relato que me dio mi papá, un día un militar me llevó hasta la casa de ellos. Yo tenía días de vida, aún estaba con el cordón umbilical. Le pidió que se quedara conmigo unas horas, ya que mi madre estaba gravemente internada en el Emilio Civit y mi padre iba a pasar a buscarme al día siguiente.

“Intuyo que me dejaron con ellos porque mi mamá era ama de casa y, además, tenía un niño de un año al que amamantaba”.

“Lo cierto es que al momento de llegar a esa casa, mi madre estaba realizando las compras y cuando volvió y me encontró en su cama. No entendía nada. Mi mamá era una mujer que sólo se ocupaba de la casa y de sus hijos, nada la llevó a pensar en algo relacionado con la dictadura o el robo de bebés”.

“Al otro día, obviamente nadie me retiró y mi padre se acercó a la Brigada Aérea para reclamar por la presencia de mi supuesto progenitor, pero nadie le dio explicaciones. Ya cuando se retiraba hacia su casa, un abogado que escuchó el relato le recomendó que me anotaran en el Registro Civil para comenzar a realizar los controles médicos pertinentes, ya que el cordón umbilical se estaba infectando y necesitaba curaciones”.

“Así fue como llegué al hogar de mis padres y nunca me fui. Mis padres y mis cinco hermanos fueron y son todo en mi vida. Tuve momentos muy complicados con mi vida personal y mi papá se hizo cargo de todo. El amor y la contención que recibí de ellos es la misma que recibieron mis hermanos. Les agradezco todo y siempre van a ser mi verdadero sostén”.

– ¿Cómo fue el paso de Miriam Fernández a la nieta 127?

– Conocida mi historia y habiéndosela contado a mi hijo, en ese momento adolescente, nunca más sentí la necesidad de hablar de eso. Sí a veces buscaba en internet información respecto al tema, pero no me quitaba el sueño. No tenía la necesidad de conocer más allá de lo que sabía.

“Un día, luego de una denuncia anónima de un conocido de la familia, llegó una notificación del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos que me citaba al Juzgado Federal. Se me vino el mundo abajo, intuí lo que se venía y averiguando sobre el tema me informaron que tenía que ver con un trámite genético para determinar si era o no hija de desaparecidos. Es decir, me tenía que someter a un ADN, algo que no estaba dispuesta a hacer”.

“En ese entonces no quería saber nada, no me interesaba conocer mi identidad y así fue como me escapé a Chile para no someterme a las pruebas. En medio de esa huída se montó un operativo en la puerta de mi casa que incluyó una guardia de gendarmes durante tres días. Realmente me sentí tratada como una delincuente, siendo una víctima. Fue horrible, realmente”.

“Cuando volví a Mendoza y habiendo analizado la situación busqué un abogado penalista y me presenté ante la Justicia, pese a que no quería conocer mi identidad”.

“Obviamente la citación tenía que ver con la prueba de ADN y si bien la realicé, en el medio planifiqué una serie de estrategias para no resultar la persona que ellos buscaban, hasta que finalmente accedí al examen entendiendo que no tenía muchas alternativas”.

“El 23 de diciembre del 2017 me notificaron que el resultado de la prueba era del 99,99% y me informaron acerca de la identidad de mis padres biológicos. Cuatro días después mis padres de crianza fueron imputados y se dio a conocer la noticia de la nieta 127 restituida”.

– ¿Y después qué pasó?

– Luego de que todo trascendiera y tomara estado público tuve que viajar a Buenos Aires para pedir el expediente a la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CoNaDeP). El viaje decidí hacerlo con mis hermanas y mi madre y visitamos la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), hoy convertida en un Museo de la Memoria. De repente sentí la necesidad de conocer un poco sobre mi origen, al menos, saber dónde nací y fue en ese momento donde me hizo un click en la cabeza. Lo más impactante, más allá del lugar, fue escuchar relatos de testigos que daban cuenta de mi nacimiento que no fue cualquier nacimiento: fue el primero en ese lugar. Nací en el sótano y, a partir de mi caso, los militares montaron la sala de enfermería para que las mujeres embarazadas tuvieran sus hijos allí. En el museo uno ingresa a esa habitación y aparece una grabación que relata el momento en que mi mamá dio a luz.

“Lo cierto es que con el aporte de una testigo que presenció mi parto, una voz en off cuenta que a mi mamá la hicieron bajar tres pisos hasta el sótano, en pleno trabajo de parto, y con grilletes en sus pies. Frente a esto mi madre llorando pidió que le sacaran esos aparatos porque con el ruido de las cadenas no podía parir”.

“Además, esa testigo narró que mi mamá le suplicó que no se fuera de la sala ya que no quería quedar sola con sus asesinos, que eran los enfermeros que la hicieron parir”.

“De acuerdo con los testigos estuve entre 3 y 8 días con mi madre en ese lugar, luego se la llevaron y supuestamente desapareció en los vuelos de la muerte, en el río de La Plata. A mí me contiene otra madre parturienta que estuvo en el lugar y finalmente me trasladan a Mendoza, donde se encontraba mi familia materna”.

“En teoría, los militares les decían a las mujeres que los niños iban a ser restituidos a sus familias y, en mi caso evidentemente la intención estuvo porque regresé a Mendoza. Pero no me ubicaron con mi familia de origen, algo que lamento, sobre todo, por el amor que mi abuelo tenía hacia mí”.

“Él murió a los 97 años de tristeza por no haberme conocido. Le avisaron que me iban a restituir, pero nunca nos encontramos. Me buscó incansablemente y nunca sabremos qué pasó en el medio”.

– ¿Qué pasó cuando te encontraste con tus familiares biológicos?

– Al año de conocerse el caso tuve relación con dos tías de parte de mi mamá y no hubo mucho vínculo por la parte paterna, que reside en San Juan. Ellos sólo estuvieron cuando Abuelas anunció mi caso, es decir, que habían recuperado a la nieta 127, pero luego no tuvimos mucho contacto. Sólo aparecieron para la foto.

El caso de la apropiación de Miriam, la nieta restituida 127 fue juzgado en el marco del décimo juicio por delitos de lesa humanidad que se desarrolló en Mendoza.

En el marco de esa causa fueron condenados sus apropiadores, Armando Osvaldo Fernández e Iris Yolanda Luffi, al igual que Abelardo Santiago Garay.

En 2021, Fernández obtuvo originalmente una pena de 10 años de prisión por apropiación de una menor que luego pasó a ser de 15 años. Mientras que Garay obtuvo una condena inicial de 8 años que luego se estiró a 10 años. Por su parte, Luffi fue condenada a 5 años de prisión y falleció en diciembre de 2023.

Fernández había sido sentenciado previamente a dos condenas de prisión perpetua y a 20 años de prisión en otro proceso judicial, a raíz de los múltiples delitos de lesa humanidad que cometió mientras prestaba funciones en el ex D2. Luego de la condena por la apropiación de Miriam, obtuvo una tercera condena a prisión perpetua.

Durante 1971 y 1979 cumplió funciones como oficial en el D2 y estaba especializado en tareas de inteligencia. Según consta en las “Memorias de los juicios por delitos de lesa humanidad” de Mendoza, su labor era la de ser el enlace con el dispositivo de inteligencia del Ejército, el Comando de Operaciones Táctico (COT), que ejecutaba los procedimientos represivos, y el jefe de la Policía.

Había prestado funciones en la División de Investigaciones (D5) y posteriormente fue trasladado a Comunicaciones. Regresó al D2 el 1 de abril de 1980 y, a partir del 16 de octubre de 1981, revistó en el Departamento de Informaciones de la Unidad Regional II. Su carrera continuó hasta su retiro en enero de 1996.

Fernández fue el principal acusado del robo y apropiación de la hija de María del Carmen “Pichona” Moyano y Carlos Poblete. Registró a la menor como hija biológica suya y de su esposa Iris Yolanda Luffi.

En ese secuestro de la menor estuvieron involucrados el ex oficial policía Abelardo Santiago Garay y Eduardo Smaha Borzuk. La menor fue inscripta sin certificado médico en Guaymallén, en plena dictadura militar.