Un ataque aéreo con 50 aviones de combate y cerca de 100 bombas destruyó en Teherán el búnker subterráneo utilizado por el liderazgo iraní para coordinar operaciones militares.
En una de las operaciones más contundentes desde el inicio de la confrontación entre Israel e Irán, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) bombardearon y destruyeron el búnker subterráneo utilizado por el liderazgo iraní en el corazón de Teherán, una instalación clave para la conducción estratégica del régimen.
El operativo involucró unos 50 aviones de combate de la Fuerza Aérea israelí que lanzaron cerca de 100 bombas sobre el complejo subterráneo, según informó el ejército israelí. La infraestructura estaba ubicada bajo el llamado complejo de liderazgo del régimen iraní y funcionaba como refugio y centro de comando en situaciones de crisis.
De acuerdo con la versión militar, el búnker había sido diseñado para que el líder supremo Ali Khamenei y la cúpula del régimen pudieran coordinar operaciones militares y de seguridad en caso de conflicto. El sistema subterráneo se extendía bajo varias calles y contaba con accesos múltiples y salas destinadas a reuniones estratégicas.
La operación fue posible tras años de recopilación de inteligencia. Las unidades israelíes 8200, especializada en inteligencia de señales, y 9900, dedicada a inteligencia visual y geoespacial, habrían realizado un mapeo detallado de la estructura, lo que permitió ejecutar un ataque de alta precisión.
El bombardeo se produce días después de la muerte de Khamenei, ocurrida tras un ataque previo contra el mismo complejo en Teherán, en el que también fallecieron ocho altos funcionarios iraníes. A pesar de esa ofensiva inicial, el sitio habría continuado siendo utilizado como centro operativo por dirigentes del régimen.
Además del búnker, Israel atacó otros edificios estratégicos del complejo gubernamental, entre ellos instalaciones vinculadas a la oficina presidencial iraní y al Consejo Supremo de Seguridad Nacional, ampliando la ofensiva sobre la estructura de mando del Estado iraní.
La destrucción de esta infraestructura marca una nueva escalada en el conflicto regional, con una estrategia israelí orientada a debilitar la capacidad de conducción militar y política de Irán desde su capital.
El impacto de estos ataques podría redefinir el equilibrio de poder en Medio Oriente y aumentar la tensión geopolítica en la región, en un escenario que analistas internacionales ya describen como uno de los momentos más críticos del enfrentamiento entre ambos países en décadas.







