Teherán desestimó la propuesta de alto el fuego de EE.UU. y fijó cinco exigencias clave, en un escenario que tensiona la estabilidad energética global.
Irán rechazó el plan de 15 puntos impulsado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para poner fin al conflicto, al considerarlo “excesivo y alejado de la realidad”, y condicionó cualquier negociación al cumplimiento previo de una serie de exigencias.
Según fuentes oficiales citadas por la TV estatal, Teherán dejó en claro que “no habrá negociaciones” hasta que se atiendan sus demandas, en una señal de endurecimiento de su postura frente a Washington.
El régimen iraní estableció cinco condiciones centrales:
Cese total de ataques, garantías de no agresión futura, pago de reparaciones de guerra, fin de los combates en todos los frentes aliados y reconocimiento de su soberanía sobre el estrecho de Ormuz, punto estratégico para el comercio energético global.
El rechazo también incluye una desconfianza explícita hacia Estados Unidos, al que acusa de actuar de manera “engañosa” tras episodios previos de negociación que derivaron en ataques militares.
En paralelo, el conflicto ya muestra un impacto humanitario significativo. La última cifra oficial iraní reportó 1.230 muertos, aunque estimaciones independientes elevan el número a 3.291 víctimas, reflejando la falta de datos consolidados en el terreno.
El control del estrecho de Ormuz emerge como eje crítico: por allí circula una parte sustancial del petróleo mundial, por lo que su inestabilidad ya genera tensión en los mercados internacionales de energía y presiona sobre los precios.
Mientras Trump había anticipado un posible avance en las conversaciones y postergó ataques por cinco días, Irán negó la existencia de negociaciones formales y reafirmó su posición militar.
El escenario abre una fase de alta incertidumbre: sin canales diplomáticos activos y con condiciones difíciles de conciliar, el conflicto amenaza con escalar y profundizar su impacto geopolítico y económico a nivel global.





