Al menos tres embarcaciones fueron agredidas en una de las rutas clave del petróleo mundial, en medio del conflicto con EE.UU. y nuevas presiones económicas.
Al menos tres buques portacontenedores fueron atacados este miércoles en el estrecho de Ormuz, en un nuevo episodio de escalada entre Irán y Estados Unidos que amenaza con impactar en el comercio global de energía.
Según reportes de seguridad marítima británica, uno de los barcos —con bandera de Liberia— fue alcanzado por disparos y granadas propulsadas, lo que provocó daños en el puente de mando. Otros dos buques también fueron atacados en la zona, aunque sin consecuencias graves para sus tripulaciones, que permanecen a salvo.
Medios iraníes, en tanto, afirmaron que al menos dos embarcaciones fueron interceptadas y trasladadas hacia la costa, bajo acusaciones de incumplir normas de navegación. La Guardia Revolucionaria confirmó la operación y advirtió que cualquier alteración del orden en el estrecho será considerada una “línea roja”.
El incidente se produce horas después de que Estados Unidos anunciara la extensión de un alto el fuego, en un contexto de negociación frágil. Irán condiciona el diálogo a la remoción del bloqueo sobre sus puertos, mientras Washington mantiene las sanciones económicas.
El estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo y gas mundial, es uno de los puntos más sensibles del comercio internacional. Tras el inicio del conflicto, el tránsito cayó de unos 130 buques diarios a menos de 20, evidenciando el impacto directo sobre la logística global.
Como reflejo de la tensión, los precios del crudo revirtieron su tendencia y registraron una suba cercana al 1%, en un mercado atravesado por la incertidumbre sobre la continuidad del flujo energético.
Desde el inicio de la guerra, se contabilizan más de 30 ataques a embarcaciones en Medio Oriente, lo que consolida al estrecho como un escenario crítico de disputa geopolítica.
El recrudecimiento de las acciones en Ormuz no solo complica las negociaciones diplomáticas, sino que reabre el riesgo de una disrupción mayor en el suministro energético global, con impacto potencial en precios, inflación y estabilidad económica a escala internacional.
Fuente: La Nación






