La nueva normativa sobre desalinización en Chile impacta en proyectos binacionales y abre interrogantes sobre el abastecimiento hídrico en San Juan.
La reciente ley chilena que regula el uso de agua desalinizada introduce un cambio de escenario para la minería regional y pone el foco en proyectos estratégicos como Vicuña, que evalúa abastecerse desde el Pacífico para operar en San Juan.
La normativa, aprobada por el Senado chileno tras años de debate, declara el agua desalinizada como recurso de interés público, establece una Estrategia Nacional de Desalinización y fija nuevas condiciones para su uso, priorizando el consumo humano y exigiendo evaluaciones ambientales más estrictas.
Uno de los puntos clave es que hasta el 5% del agua producida deberá destinarse a uso comunitario, incluso en proyectos privados, lo que introduce nuevas variables para la industria minera.
Chile ya cuenta con 32 plantas desalinizadoras operativas, más de 50 proyectos en desarrollo y una inversión superior a u$s24.000 millones, con la minería del cobre explicando el 85% del uso actual. Además, se proyecta que el consumo de agua de mar en el sector pase del 40,7% en 2024 al 67,6% en 2034.
El impacto en San Juan se centra en la posibilidad de importar agua desde Chile. Proyectos como Vicuña —que integra Josemaría y Filo del Sol— han planteado esta alternativa ante la escasez hídrica local, abriendo un debate sobre viabilidad técnica, legal y económica.
Desde el Gobierno provincial relativizan efectos negativos y sostienen que la ley no frena los planes, sino que “los ordena”, mientras que desde el sector técnico advierten que el nuevo marco implicará mayor complejidad regulatoria y necesidad de acuerdos binacionales.
El trasfondo es estructural: la minería enfrenta crecientes restricciones de agua dulce, mientras la desalinización se posiciona como una solución estratégica, aunque con altos costos y exigencias legales.
El nuevo escenario no cierra puertas, pero sí redefine condiciones. Para San Juan, el desafío ya no será solo acceder al recurso, sino hacerlo bajo reglas más estrictas, en un contexto donde el agua se consolida como factor clave para el desarrollo minero.





