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El Niño, la nieve y las lluvias: las cinco claves del escenario que prepara San Juan

El Niño, la nieve y las lluvias: las cinco claves del escenario que prepara San Juan

La provincia atraviesa un escenario hídrico distinto al de los últimos años, marcado por una importante reserva de nieve en la cordillera y una mayor probabilidad de precipitaciones. Ante la posibilidad de crecidas y tormentas intensas, el Gobierno reforzó las tareas de prevención.

Luego de varios años atravesados por la escasez de agua, San Juan se encamina hacia una primavera y un verano con perspectivas diferentes. La combinación de una mayor acumulación de nieve en la cordillera, el avance del fenómeno de El Niño y la posibilidad de lluvias más intensas obliga a prestar especial atención al comportamiento de los ríos y cauces durante los próximos meses.

Desde el Gobierno provincial remarcan que este panorama no implica que necesariamente vaya a producirse una emergencia. Sin embargo, las condiciones actuales justifican reforzar las tareas preventivas y preparar los mecanismos de respuesta ante eventuales contingencias.

En ese contexto, la Coordinación Provincial de Respuesta ante Emergencia (COPRE) articula acciones con diferentes organismos provinciales y municipios para detectar sectores vulnerables, intervenir sobre la infraestructura y establecer respuestas frente a posibles episodios de crecidas, aluviones o tormentas severas.

El fenómeno de El Niño se origina por un incremento anormal de la temperatura del océano Pacífico Ecuatorial. Aunque se desarrolla a miles de kilómetros de San Juan, sus efectos pueden modificar los patrones de circulación atmosférica y generar cambios en las condiciones de lluvia y temperatura.

Desde julio se registraron temperaturas en distintos sectores del Pacífico entre 2,5 °C y 5 °C por encima de los valores habituales. Las proyecciones señalan, además, que el fenómeno podría intensificarse y alcanzar una categoría considerada “muy fuerte” durante los próximos meses.

Esto no significa que San Juan vaya a tener lluvias permanentes ni que todos los episodios meteorológicos sean de gran intensidad. El fenómeno modifica las probabilidades y genera un contexto que debe ser monitoreado.

Los modelos utilizados para la provincia muestran una mayor posibilidad de precipitaciones durante los próximos meses. Por ese motivo, el foco está puesto en seguir la evolución de las condiciones climáticas y contar con capacidad de respuesta ante distintos escenarios.

Otro de los elementos centrales del panorama es la cantidad de nieve acumulada durante el invierno. Desde mediados de julio, diferentes frentes dejaron nevadas en la cordillera con una frecuencia e intensidad que no se habían observado en los últimos años.

Para una provincia que viene de un extenso período de sequía, esa acumulación representa una reserva hídrica de importancia. Con el aumento de las temperaturas, el proceso de deshielo aportará agua a los principales ríos provinciales.

Sin embargo, el volumen de nieve no es el único factor a tener en cuenta. También será determinante la velocidad con la que se produzca el deshielo.

Mientras continúen las bajas temperaturas, buena parte de esa reserva permanece retenida en las zonas cordilleranas. Si el incremento térmico se produce de manera gradual, el aporte de agua podría desarrollarse progresivamente. En cambio, un ascenso brusco de las temperaturas podría acelerar el derretimiento y generar un ingreso importante de agua a los ríos en un período más corto.

El escenario adquiere mayor complejidad si ese proceso coincide con tormentas intensas durante la primavera y el verano.

Contar con más agua constituye una situación favorable después de años de sequía. Una mayor disponibilidad permitiría mejorar las reservas de los diques y disponer de recursos para consumo, riego y producción.

El problema aparece cuando grandes volúmenes de agua se concentran en poco tiempo o en determinados sectores.

Las lluvias intensas pueden provocar un rápido aumento del caudal de ríos, arroyos y cauces que permanecieron secos durante largos períodos. En las áreas cercanas a la montaña, las crecientes pueden transportar barro, piedras, ramas y otros materiales, aumentando el riesgo de aluviones.

Por eso, entre los sectores que requieren mayor vigilancia se encuentran las zonas de piedemonte, las poblaciones ubicadas próximas a ríos y arroyos y aquellos lugares que ya registraron episodios de revenición.

Las rutas y caminos emplazados en zonas aluvionales también pueden verse afectados por crecidas repentinas, con posibles cortes temporales y dificultades de acceso a determinadas localidades.

A esto se suma la posibilidad de que las tormentas fuertes estén acompañadas por granizo, un fenómeno que puede generar consecuencias sobre las actividades agrícolas.

La infraestructura hídrica representa una herramienta fundamental para afrontar este tipo de escenarios. San Juan cuenta actualmente con una capacidad de almacenamiento y regulación mayor que la existente durante grandes eventos registrados décadas atrás.

Los embalses Los Caracoles, Punta Negra y Ullum, sobre el río San Juan, junto con Cuesta del Viento, en el río Jáchal, permiten almacenar agua y administrar los caudales para reducir el impacto de eventuales crecidas.

Sin embargo, la prevención no depende únicamente de los diques. La Provincia también interviene sobre ríos, cauces, defensas y otras obras vinculadas al manejo del agua.

Entre las tareas previstas se encuentran trabajos de limpieza, mantenimiento, encauzamiento y refuerzo de sectores considerados vulnerables. Las acciones abarcan especialmente a departamentos como Calingasta, Iglesia, Jáchal y Valle Fértil, además de zonas de Albardón, Sarmiento, Zonda y Ullum y otros puntos que surjan de los relevamientos.

La finalidad es que los cauces y las defensas se encuentren en condiciones antes de la llegada de la etapa de mayores caudales.

Uno de los principales interrogantes es cuánto lloverá y dónde podrían registrarse los episodios más intensos. Esa información no puede determinarse con precisión con varios meses de anticipación.

Sí pueden identificarse tendencias generales mediante los pronósticos estacionales. A medida que se aproxima un determinado fenómeno meteorológico, los modelos incorporan información que permite precisar el escenario con mayor exactitud.

Las posibles crecidas vinculadas al deshielo pueden ser monitoreadas con algunos días de anticipación mediante los pronósticos y el seguimiento de los caudales del río San Juan. Las tormentas severas y las posibles caídas de granizo, en cambio, pueden desarrollarse con mayor rapidez y dejar apenas unas horas para advertir sobre su evolución.

Por eso, desde la Provincia plantean que la preparación no debe interpretarse como una señal de alarma, sino como una estrategia para reducir riesgos.

El escenario esperado es que el sistema hídrico pueda absorber y regular normalmente el aporte proveniente del deshielo y las precipitaciones. Una situación más compleja podría darse si coinciden una gran cantidad de nieve en proceso de derretimiento, lluvias intensas y crecidas repentinas en diferentes puntos del territorio.

La presencia de El Niño no determina por sí sola que vaya a producirse una emergencia. Lo que genera es un contexto que requiere seguimiento y planificación anticipada.

Mientras San Juan se prepara para una temporada con la posibilidad de recuperar parte de su disponibilidad hídrica después de años de sequía, las autoridades recomiendan a la población mantenerse informada mediante los canales oficiales y respetar las indicaciones de los organismos de Protección Civil frente a eventuales alertas.

El desafío, en definitiva, será aprovechar el agua que pueda aportar la temporada y, al mismo tiempo, contar con las herramientas necesarias para reducir los riesgos si ese recurso llega en grandes cantidades y en períodos breves.