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CHINA DESVÍA RÍOS Y GARANTIZA AGUA A MILLONES

CHINA DESVÍA RÍOS Y GARANTIZA AGUA A MILLONES

Tres mega‑túneles redefinen el mapa hídrico del país y apuntalan el desarrollo de las regiones más pobladas.

Desde hace décadas, China convive con una paradoja geográfica que condiciona su crecimiento. Mientras el sur del país concentra abundantes ríos y lluvias, el norte es árido y seco, aunque allí se asientan algunas de las ciudades más grandes, polos industriales y zonas agrícolas estratégicas. Esa brecha hídrica empujó al gobierno chino a encarar una de las obras de ingeniería más ambiciosas del planeta.

Se trata del Proyecto de Transferencia de Agua Sur‑Norte, un plan colosal que incluye la construcción de tres mega‑túneles y extensos canales para desviar el curso de los ríos y transportar agua potable a millones de personas. La iniciativa busca reducir la desigualdad entre regiones húmedas y secas, garantizar el acceso al agua segura y sostener el desarrollo económico de las áreas más densamente pobladas del país.

La idea de trasladar agua desde el sur hacia el norte surgió a mediados del siglo XX, pero recién comenzó a materializarse a comienzos de los años 2000, cuando China inició la construcción de las primeras rutas del sistema. Hoy, dos de ellas ya se encuentran operativas y funcionan a gran escala.

En términos generales, el proyecto está diseñado para canalizar hasta 44,8 millones de metros cúbicos de agua por año desde la cuenca del río Yangtsé, en el sur, hacia las regiones centrales y septentrionales. Para lograrlo, atraviesa miles de kilómetros de territorio, cruza cuencas fluviales y utiliza infraestructuras hidráulicas únicas en el mundo.

Una obra sin precedentes

El sistema se apoya en tres rutas principales, cada una con características y objetivos específicos.

La ruta oriental reutiliza tramos del histórico Gran Canal de China para transportar agua desde el Yangtsé hacia las provincias de Jiangsu, Shandong y Hebei, además de la municipalidad de Tianjin.

La ruta central es considerada la más importante. Parte del embalse de Danjiangkou, en la provincia de Hubei, y conduce agua hacia Henan, Hebei, Beijing y Tianjin, con túneles que atraviesan incluso bajo el río Amarillo.

La ruta occidental, aún en planificación, apunta a desviar agua de los afluentes del Yangtsé en zonas de mayor altitud para abastecer regiones extremadamente secas como Qinghai y Gansu.

Más allá de su complejidad técnica, la obra se destaca por sus dimensiones extraordinarias. En algunos tramos, el agua recorre más de 1.400 kilómetros desde el punto de captación hasta las zonas receptoras, combinando canales, acueductos y túneles subterráneos.

Impacto directo en la vida diaria

Los resultados ya son visibles. Hasta fines de 2024, las dos rutas en funcionamiento transfirieron más de 76 mil millones de metros cúbicos de agua, beneficiando a más de 185 millones de personas y asegurando el suministro para 45 ciudades grandes y medianas.

Uno de los datos más contundentes es el impacto en la capital china. Casi el 80% del agua potable urbana de Beijing proviene hoy de este sistema, lo que permitió detener la caída de los niveles freáticos en el norte del país y mejorar la calidad del agua en ríos y lagos que estaban al borde del colapso.

Además de garantizar el consumo humano, el proyecto fortalece la seguridad hídrica para la agricultura y la industria, dos pilares clave de la economía china. En un contexto de crecimiento sostenido y cambio climático, el control y la distribución del agua se volvieron un factor estratégico.

Con esta mega‑obra, China no solo modifica el curso de sus ríos, sino que reconfigura su futuro hídrico. El Proyecto de Transferencia de Agua Sur‑Norte se consolida así como un símbolo del alcance de la ingeniería moderna y de la apuesta del gigante asiático por asegurar recursos vitales para las próximas generaciones.