La pobreza en la Argentina mostró una marcada caída en el segundo semestre de 2025 y cerró el año en 28,2% de la población, según los últimos datos oficiales difundidos por el INDEC. Se trata del nivel más bajo de los últimos siete años y consolida una tendencia descendente iniciada tras el fuerte deterioro social registrado a comienzos de la actual gestión.
El dato representa una mejora significativa frente al 31,6% registrado en el primer semestre del mismo año, lo que implica una baja de 3,4 puntos porcentuales en apenas seis meses. En la comparación interanual, la reducción es aún más contundente: cerca de diez puntos menos respecto del mismo período de 2024.
En términos absolutos, el fenómeno alcanza a unos 13,3 millones de personas, aunque dentro de ese universo persisten situaciones críticas. La indigencia —es decir, quienes no logran cubrir siquiera la canasta básica alimentaria— se ubicó en 6,3%, reflejando que una porción significativa de la población continúa en condiciones extremas.
El Gobierno atribuyó esta mejora a una combinación de factores: el crecimiento económico, la desaceleración de la inflación y la implementación de programas sociales con transferencias directas. En efecto, la economía argentina creció 4,4% en 2025, lo que contribuyó a recomponer parcialmente los ingresos reales tras el shock inicial de devaluación y ajuste.
Sin embargo, el escenario dista de ser homogéneo. Uno de los datos más preocupantes es la incidencia de la pobreza en la infancia: el 41,3% de los menores de 14 años vive en hogares pobres, lo que evidencia la persistencia de desigualdades estructurales. A nivel regional, también se observan fuertes disparidades, con el noreste argentino por encima del promedio nacional.
La evolución reciente del indicador muestra una dinámica abrupta. A comienzos de 2024, tras la devaluación inicial del gobierno de Javier Milei, la pobreza había escalado a niveles cercanos al 53%, uno de los picos más altos en décadas. Desde entonces, la desaceleración inflacionaria y cierta recuperación de ingresos impulsaron una baja sostenida, primero a 38,1% en el segundo semestre de 2024 y luego a 31,6% en la primera mitad de 2025.
Pese a la mejora, economistas advierten que la tendencia podría no ser sostenible si no se consolida una recuperación del mercado laboral. Además, existen cuestionamientos metodológicos sobre la medición oficial, particularmente en relación con la canasta utilizada, que podría subestimar algunos gastos actuales.
En este contexto, el dato de 28,2% representa una señal positiva para el Gobierno, pero también plantea interrogantes sobre la calidad de la recuperación social y su capacidad de sostenerse en el tiempo. La pobreza baja, pero sigue siendo un problema estructural que afecta a millones de argentinos.





