La especialista analizó el retroceso argentino en las pruebas PISA y sostuvo que el problema educativo es complejo y arrastra dificultades desde hace tiempo. Formación docente, tecnología, cambios familiares y nuevas demandas atraviesan el escenario.
Paula Diana Bunge, secretaria de Educación de la Universidad Católica de Cuyo (UCCuyo) y profesora en Ciencias de la Educación, analizó en el programa “De Sobremesa” los resultados de las pruebas PISA y los desafíos que enfrenta el sistema educativo. Planteó que la evaluación debe leerse como una fotografía de un proceso más amplio y puso el foco en las competencias que la escuela necesita desarrollar.
Argentina quedó en el puesto 72 entre 91 países en las pruebas PISA. Más allá del resultado, ¿cómo ves hoy la educación?
Las pruebas PISA son un resultado, una foto en un momento de un proceso educativo, pero estas dificultades de la educación vienen arrastradas desde hace tiempo.
También hay que ver qué evalúan las pruebas PISA, porque evalúan competencias de lectura, Matemática y Ciencias, que implican un hacer, una comprensión y una resolución de problemas de la vida real. Esto quiere decir que la escuela debe cuestionarse esto.
Quiero poner en valor también lo que se está haciendo. No es que no se esté haciendo nada al respecto. El Ministerio de Educación tiene planes que están en la misma sintonía, que trabajan el Comprendo y Aprendo, que tiene que ver con la comprensión de la lectura, y el Modo Matemática, que está iniciando. Pero esto es un poco más complejo.
¿Puede hablarse de un problema estructural y de un deterioro que viene de hace años?
De alguna manera, sí, pero la escuela también es una caja de resonancia de lo que pasa en la sociedad. La escuela se ve muy demandada en la actualidad por múltiples demandas que antes no teníamos.
Por ejemplo, el lugar que ocupaba antes la familia era en consonancia con la escuela. Hoy vemos estudiantes que vienen más desordenados, a veces con complejidades en la misma familia, y docentes que se ven desbordados por las múltiples demandas.
También tenemos que indagar la formación docente, cómo se está enseñando en los institutos. Entiendo que hay muchos programas y planes de formación, diseños que van incorporando estos cambios, que no siempre son tan actualizados.
Tenemos estudiantes que vienen estimulados con las tecnologías y se encuentran en la escuela, por ahí desordenados, distraídos. Es bastante complejo lo que se está atravesando.
¿Qué pasa cuando se aplican modelos educativos de otros países sin considerar la realidad argentina?
Una de las cuestiones que debemos tener en cuenta es nuestra propia realidad. Si nosotros trasplantamos sin ningún criterio, en un contexto totalmente diferente, en un sistema educativo distinto, con estudiantes distintos y con docentes con una formación distinta, eso lleva al fracaso.
También podemos mirar por qué los países asiáticos, teniendo algunos contextos similares, como el uso de las tecnologías y la innovación, tienen otros resultados. Son otras sociedades, son más disciplinados, valoran el esfuerzo. Quizás habría que ver cómo son las formaciones docentes, cómo está pensado el sistema educativo.
¿En qué medida la tecnología modificó la manera de enseñar y aprender?
La tecnología en sí no hay que demonizarla. La tecnología no es ni mala ni buena. En realidad, lo importante son las buenas prácticas de tecnología.
Hoy en día, la inteligencia artificial ha atravesado e impactado en toda la institución educativa y los docentes están un poco sorprendidos. Ahí es donde aparecen las buenas prácticas docentes: que la tecnología no sea simplemente una aplicación, sino que permita desarrollar estas competencias, que son las mismas que demandan las evaluaciones PISA.
La perspectiva crítica, el poder tener una lectura inferencial, es lo que nosotros deberíamos desarrollar en los estudiantes.
¿Cómo cambió el rol del docente frente a aulas cada vez más diversas?
Por un lado, está la docente de apoyo con estos estudiantes que están incluidos, esta diversidad, estas aulas heterogéneas que antes no lo eran. Eso lleva otra complejidad al aula.
Y también está el rol docente. El docente hoy no sería solamente el transmisor de conocimiento, sino que es un facilitador porque, justamente, debe desarrollar habilidades y competencias.
Debe ser el mediador, debe preparar las situaciones para que el estudiante pueda abordar esa complejidad. Y debe trabajar en pareja pedagógica con la docente de apoyo.
¿La situación laboral de los docentes también condiciona ese proceso?
El docente muchas veces tiene falta de motivación, ya sea por falta de un buen salario o porque tiene que estar corriendo de un lugar a otro para poder cumplir con todas las horas.




