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Bullrich marca diferencias pero no rompe con Milei

Bullrich marca diferencias pero no rompe con Milei

La senadora comenzó a mostrar autonomía frente a decisiones de la Casa Rosada y mantiene una relación tirante con Karina Milei. Sin embargo, sigue dentro de la conducción libertaria y no hay indicios firmes de una candidatura por fuera del oficialismo en 2027.

Patricia Bullrich comenzó a construir un perfil de mayor autonomía dentro de La Libertad Avanza, con diferencias públicas frente a algunas decisiones de Javier y Karina Milei y movimientos destinados a preservar su capital político. Pero, pese a las versiones sobre un posible distanciamiento, hasta ahora no existen elementos firmes que indiquen que esté preparando una ruptura o una candidatura por fuera del mileísmo para 2027.

Por el contrario, la exministra de Seguridad continúa ocupando un lugar central dentro del esquema oficialista. Es jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado, participa de la mesa política nacional y esta semana volvió a sentarse con Karina Milei, Diego Santilli, Martín Menem, Santiago Caputo y Luis Caputo, entre otros, para discutir el Presupuesto 2027 y la estrategia legislativa del Gobierno.

La novedad está en otro lugar: Bullrich dejó en claro durante los últimos meses que pertenecer al oficialismo no implica acompañar automáticamente cada decisión de la Casa Rosada.

“Mi compromiso es con este proyecto, pero también con mis principios”, afirmó en junio, cuando anticipó que no acompañaría el retiro del pliego de María Verónica Michelli para ocupar un cargo judicial. Bullrich aclaró entonces que había comunicado personalmente su posición al Presidente y sostuvo que esa diferencia no modificaba su respaldo al rumbo general del Gobierno.

Ese episodio expuso una tensión que venía acumulándose dentro del oficialismo y, especialmente, en su relación con Karina Milei.

Las diferencias que encendieron las alarmas

El caso Michelli no fue el único desmarque.

Bullrich también había reclamado públicamente que el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, presentara rápidamente su declaración jurada en medio de una investigación sobre su patrimonio. Argumentó que el Gobierno necesitaba despejar el tema para evitar quedar atrapado en esa discusión.

Esos movimientos generaron malestar en sectores libertarios porque Bullrich mostró que está dispuesta a defender posiciones propias incluso cuando contradicen decisiones adoptadas en la cima del poder.

LA NACION describió esos episodios como parte de una estrategia destinada a preservar su núcleo electoral y su red de aliados políticos, pero aclaró que la dirigente no proyectaba una ruptura con Milei y pretendía mantener un papel relevante en 2027.

La propia Bullrich buscó cerrar las especulaciones más fuertes cuando aseguró que “no hay riesgo de fractura” y ratificó que trabajará para la reelección presidencial de Milei.

La relación más difícil es con Karina

El vínculo político de Bullrich con Javier Milei aparece, hasta ahora, más preservado que su relación con Karina Milei.

La tensión entre las dos dirigentes tiene un componente central: ambas acumulan poder dentro del oficialismo, pero lo hacen de manera diferente.

Karina controla La Libertad Avanza, interviene en el armado territorial, participa en la definición de candidaturas y aumentó durante este año su influencia sobre los bloques legislativos. Su objetivo político declarado por el oficialismo es ordenar el espacio detrás de la reelección presidencial de su hermano.

Bullrich, en cambio, posee capital político propio, vínculos con dirigentes provenientes del PRO y la UCR, llegada a gobernadores y una estructura que no nació dentro de La Libertad Avanza.

Las diferencias ya eran visibles a comienzos de año. En marzo, LA NACION informó sobre una “puja silenciosa” entre ambas por el armado de la Ciudad de Buenos Aires y las candidaturas de 2027.

En mayo, el mismo medio describió una relación con “vaivenes”, aunque fuentes de ambos sectores señalaban que las dos dirigentes se respetaban y evitaban trasladar públicamente sus diferencias personales al funcionamiento del Gobierno.

El conflicto se profundizó en junio. Después de los desmarques de Bullrich, dirigentes libertarios llegaron a hablar de una pérdida de confianza de Karina hacia la senadora.

Sin embargo, la relación no derivó en ruptura.

Bullrich conserva estructura propia

Otro movimiento que generó atención dentro del oficialismo fue el acercamiento de Bullrich a dirigentes que habían formado parte de su construcción política anterior.

En junio recibió y mostró públicamente encuentros con Luis Petri y Mariano Campero, dos dirigentes vinculados con su armado presidencial de 2023 y que mantienen aspiraciones políticas en Mendoza y Tucumán.

La decisión fue observada con atención porque ambos habían tenido dificultades con sectores ligados al armado territorial de Karina Milei.

En sectores libertarios comenzó entonces a circular una definición informal: el “mileísmo crítico”, una caracterización atribuida por Infobae a fuentes internas para describir una estrategia de Bullrich consistente en sostener el apoyo al rumbo general del Presidente pero marcar diferencias en cuestiones institucionales o políticas específicas.

No se trata de un espacio formal reconocido por Bullrich, sino de una lectura interna sobre sus movimientos.

La estrategia tiene una lógica política: Bullrich necesita conservar identidad propia sin abandonar el oficialismo.

Una subordinación absoluta a Karina Milei podría reducir su margen de negociación para 2027. Una ruptura abierta con Javier Milei, en cambio, implicaría abandonar un Gobierno al que continúa respaldando y fragmentar un electorado con el que mantiene afinidad.

¿Será candidata por fuera de Milei?

Hasta ahora, no hay evidencia suficiente para sostenerlo.

Las versiones disponibles apuntan en sentido contrario.

Bullrich afirmó que trabajará por la reelección de Milei y durante los últimos meses aparecieron distintas alternativas para su futuro político, todas vinculadas de alguna manera con el actual esquema oficialista.

Una posibilidad es la Jefatura de Gobierno porteña.

A fines de julio, Bullrich abrió públicamente esa puerta: “Puedo ser candidata en la Ciudad y me tengo una fe bárbara”, dijo. Pero dos semanas después relativizó esa posibilidad y sostuvo que cualquier definición dependerá del eventual acuerdo entre La Libertad Avanza y el PRO.

Su nombre también aparece en otra discusión mucho más importante: la fórmula presidencial de 2027.

Milei aseguró en agosto que maneja varias alternativas para acompañarlo en su intento de reelección y Bullrich aparece entre los nombres considerados dentro del oficialismo.

Cerca de la senadora, incluso, hubo dirigentes que consideraron más atractiva una candidatura a vicepresidenta que competir por la Ciudad.

Hay una tercera posibilidad: permanecer en el Senado, donde Bullrich encontró una plataforma desde la cual mantener contacto con gobernadores, legisladores y dirigentes nacionales.

El horizonte presidencial está más lejos

Bullrich tampoco abandonó sus aspiraciones nacionales.

En agosto, LA NACION consignó declaraciones en las que planteó como uno de sus objetivos políticos una eventual candidatura presidencial en 2031, cuando Milei ya no podría buscar una nueva reelección consecutiva si consiguiera un segundo mandato en 2027.

Ese dato ayuda a explicar buena parte de sus movimientos actuales.

Bullrich necesita acompañar al Gobierno sin diluir completamente su identidad política. Mantener vínculos con dirigentes propios, conservar presencia territorial y diferenciarse en determinados asuntos le permite preservar una plataforma para la etapa posterior al liderazgo electoral de Milei.

Milei intenta contener la tensión

La relación personal y política con el Presidente atravesó los conflictos sin llegar hasta ahora a una ruptura.

Después del enfrentamiento por el pliego de Michelli, fuentes oficiales atribuyeron a Milei una posición destinada a bajar la tensión: “No cambia nada, podemos tener diferentes miradas”.

Ese vínculo también explica por qué Bullrich continúa participando de las decisiones centrales del oficialismo.

El 15 de septiembre, apenas tres meses después del momento de máxima tensión, volvió a integrar junto a Karina Milei la mesa política que trabaja sobre el Presupuesto, la reforma electoral y la estrategia hacia 2027.

La Casa Rosada también le asigna un papel en las negociaciones con gobernadores y aliados que comenzarán a definir la arquitectura electoral del próximo año.

Una estrategia de autonomía, no de ruptura

Los movimientos de Bullrich muestran, por ahora, una estrategia más compleja que un simple alejamiento.

La senadora respalda la reelección de Milei, conduce el bloque oficialista y participa de la mesa política, pero simultáneamente conserva dirigentes propios, mantiene contactos con sectores del antiguo Juntos por el Cambio y se reserva el derecho de diferenciarse cuando considera que están en juego cuestiones institucionales o su propio capital político.

El principal foco de tensión continúa siendo Karina Milei. Ambas compiten por influencia, candidaturas y espacios dentro de un oficialismo en el que la hermana presidencial controla la estructura partidaria mientras Bullrich conserva una base política que no depende exclusivamente de La Libertad Avanza.

Por eso, la incógnita para 2027 no pasa hoy por una candidatura de Bullrich contra Milei, sino por qué lugar ocupará dentro del dispositivo electoral oficialista y cuánto margen de autonomía conservará.

Su definición dependerá también de las negociaciones entre La Libertad Avanza, el PRO y otros aliados. Mientras tanto, Bullrich mantiene una posición particular: suficientemente cerca de Milei para seguir siendo una de las figuras centrales del Gobierno, pero con suficiente autonomía para preservar un proyecto político que mira más allá de 2027.