La misión tripulada de la NASA alcanzó 70.400 km de órbita y se encamina a superar los 402.000 km, en el regreso humano al espacio profundo.
La misión Artemis II de la NASA marcó un hito en la exploración espacial al establecer un nuevo récord de distancia en órbita terrestre con tripulación humana, alcanzando 70.400 kilómetros antes de iniciar su trayectoria hacia la Luna. Se trata del primer viaje tripulado más allá de la órbita baja en más de 50 años.
La nave Orion, con cuatro astronautas a bordo —Christina Koch, Reid Wiseman, Victor Glover y Jeremy Hansen— despegó el 1 de abril desde el Centro Espacial Kennedy, en Florida. La misión tiene una duración estimada de 10 días y funciona como prueba clave para el regreso sostenido de la humanidad al espacio profundo.
Tras completar las maniobras iniciales, la nave ejecutó la inyección translunar (TLI), el encendido crítico que la colocó en ruta hacia la Luna. Este procedimiento definirá el éxito técnico de la misión, ya que una vez realizado, la cápsula solo puede regresar completando su trayectoria.
El objetivo es ambicioso: Orion alcanzará una distancia máxima de 402.000 kilómetros, superando el récord histórico de 400.171 km de la misión Apolo 13 y convirtiendo a la tripulación en los humanos que más lejos viajaron de la Tierra.
Durante las primeras horas se realizaron pruebas de sistemas vitales, comunicaciones y soporte técnico, con algunos incidentes menores —como una breve pérdida de contacto y fallas en el sistema sanitario— que fueron resueltos sin afectar la misión.
El vuelo incluye un sobrevuelo de la Luna, con la posibilidad de registrar imágenes de su cara oculta, y utiliza una trayectoria en forma de “8” que prioriza la seguridad mediante un retorno automático a la Tierra.
Artemis II no solo representa un récord técnico, sino el punto de partida de una estrategia mayor: la NASA proyecta misiones con descenso lunar en 2027 (Artemis III) y la instalación de infraestructura permanente hacia 2028.
El éxito de esta misión redefinirá la capacidad humana de operar fuera de la órbita terrestre y consolidará una nueva carrera espacial, con implicancias científicas, tecnológicas y geopolíticas en la exploración de la Luna y, en el largo plazo, de Marte.





