Con el acuerdo UE-Mercosur ya ratificado, el Senado abrió el debate por la reforma ambiental que divide aliados y deja al oficialismo con los votos justos.
El Senado inició el debate por la reforma de la Ley de Glaciares impulsada por el Poder Ejecutivo, en una sesión atravesada por la reciente ratificación del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea y por la confirmación diplomática de Fernando Iglesias como embajador ante Bélgica.
La jornada comenzó con un triunfo político para el Gobierno: el acuerdo comercial fue aprobado por 69 votos a favor, tres en contra y ninguna abstención, otorgándole la ratificación legislativa necesaria para su entrada en vigor. Sin embargo, el Ejecutivo no logró su objetivo simbólico de convertirse en el primer país en avalarlo, ya que Uruguay se adelantó en el trámite parlamentario.
Tras ese respaldo, el recinto se abocó al eje más sensible del temario: la modificación de la norma ambiental vigente. El oficialismo apuesta a reducir el alcance de las zonas protegidas para habilitar inversiones mineras, especialmente de cobre y litio, en territorios actualmente alcanzados por restricciones.
Los números, no obstante, reflejan un escenario ajustado. La mayoría depende del acompañamiento parcial del peronismo y de que no haya deserciones entre aliados de Pro y la UCR, bloques que anticiparon posturas divididas. El proyecto, de obtener media sanción, deberá pasar luego a la Cámara de Diputados.
La reforma propone diferenciar el área periglaciar de aquellas “geoformas periglaciales” que cumplan una función estratégica como reserva hídrica, limitando la protección solo a estas últimas. En la práctica, esto implicaría que no todo el ambiente periglaciar quedaría vedado a la actividad industrial, como establece la legislación actual.
El punto genera fuerte resistencia en sectores ambientalistas y parte de la comunidad científica, que advierten sobre el impacto en cuencas hídricas y reservas de agua dulce. También atraviesa transversalmente a los bloques parlamentarios, con apoyos marcados desde provincias cordilleranas y reparos en distritos alejados de la actividad minera.
Durante la sesión, la vicepresidenta Victoria Villarruel abrió el debate y luego cedió la conducción. El oficialismo optó por acotar intervenciones propias para acelerar los tiempos, en un clima de tensión moderada pero con negociaciones activas en los pasillos.
En paralelo, el Senado aprobó el pliego de Iglesias como representante argentino ante la Unión Europea. Obtuvo 38 votos afirmativos, 31 negativos y una abstención, en una votación más ajustada y atravesada por cuestionamientos de la oposición.
En el tramo político del debate comercial, la senadora Patricia Bullrich defendió el tratado como una herramienta para expandir exportaciones y proyectó un crecimiento significativo en los próximos años. Legisladores de distintos bloques coincidieron en que el acuerdo abre una oportunidad, aunque reclamaron medidas complementarias en materia productiva, crediticia e infraestructura.
Pero la atención se concentró finalmente en el capítulo ambiental. El Gobierno enfrenta su prueba más compleja: conseguir los votos necesarios para modificar una ley emblemática en materia de protección de recursos naturales, en un escenario de mayoría frágil y fuerte presión pública.
Fuente: La Nación





