El mandatario estadounidense cerró la visita de Estado del presidente chino con una agenda cargada de gestos simbólicos y elogios mutuos. La jornada final incluyó una recorrida por los Archivos Nacionales, mientras persisten diferencias en comercio, inteligencia artificial y seguridad.
La visita de Estado de Xi Jinping a Estados Unidos llegó este viernes a su última jornada, luego de tres días de intensa actividad diplomática en Washington. Donald Trump encabezó el cierre del encuentro con una recorrida junto al mandatario chino por los Archivos Nacionales, donde se encuentran documentos centrales de la historia estadounidense, entre ellos la Declaración de Independencia, la Constitución y la Carta de Derechos.
El encuentro entre ambos presidentes estuvo acompañado durante los últimos días por una puesta en escena protocolar de gran magnitud. Trump recibió personalmente a Xi a su llegada a la base aérea Andrews, una señal poco habitual para una visita de este tipo, y posteriormente organizó una ceremonia oficial en la Casa Blanca, una revisión militar y una cena de Estado.
Durante la cena celebrada el jueves por la noche, Trump destacó públicamente el vínculo que mantiene con Xi y aseguró que ambos países pueden avanzar pese a representar sistemas políticos diferentes. El presidente chino, por su parte, planteó la necesidad de construir una relación bilateral sustentada en la denominada “estabilidad estratégica”.
El mandatario estadounidense también recurrió a gestos simbólicos para agasajar a su visitante. Entre ellos, le entregó una escultura de un águila calva, presentada como una representación del espíritu estadounidense, y mostró junto a Xi distintos espacios de la Casa Blanca, incluido el nuevo salón de baile que se encuentra en construcción.
Más allá del ceremonial, las conversaciones estuvieron atravesadas por algunos de los principales puntos de tensión entre Washington y Beijing. El comercio, los aranceles, el acceso a mercados, los minerales estratégicos, la inteligencia artificial y Taiwán forman parte de una agenda bilateral marcada por intereses contrapuestos. En paralelo, funcionarios económicos de ambos países acordaron extender durante dos meses la tregua vigente sobre los aranceles.
Uno de los aspectos destacados fue la intención de explorar espacios de cooperación en inteligencia artificial. Sin embargo, las diferencias sobre la regulación y el manejo de esta tecnología continúan siendo importantes y no se anunciaron acuerdos que permitan considerar resueltos esos desacuerdos.
El cierre de la visita quedó así concentrado en los gestos diplomáticos y en la búsqueda de una imagen de estabilidad entre las dos principales potencias económicas. Aunque Trump sostuvo un tono optimista y anticipó que se avecinan “cosas fantásticas”, los reportes sobre las reuniones señalaron que no hubo grandes anuncios capaces de modificar de manera sustancial los principales conflictos entre ambos gobiernos.
La última actividad oficial tuvo un fuerte contenido histórico: Trump acompañó a Xi a los Archivos Nacionales para mostrarle algunos de los documentos fundacionales de Estados Unidos, una manera de poner punto final a una visita que combinó diplomacia, gestos de acercamiento y negociaciones todavía abiertas.





