José Adrián Iranzo analizó el caso ocurrido en el Jockey Club y explicó por qué determinadas fracturas tienen un pronóstico crítico. También advirtió sobre la falta de infraestructura adecuada para actuar ante estos episodios.
El veterinario José Adrián Iranzo, especialista en caballos, se refirió al episodio ocurrido en el Jockey Club y explicó que las denominadas “lesiones catastróficas” terminan en eutanasia en alrededor del 95% de los casos, debido a las graves complicaciones que puede sufrir el animal cuando deja de apoyar una de sus extremidades.
En declaraciones realizadas en el programa La Ventana, 25 años, Iranzo explicó que un caballo necesita apoyar sus cuatro miembros y desplazarse para sobrevivir en condiciones adecuadas. Cuando una lesión se lo impide, una de las principales complicaciones es la laminitis, una enfermedad que puede afectar seriamente las extremidades restantes.
“El caballo necesita sí o sí para poder sobrevivir apoyar sus cuatro miembros”, señaló el profesional. Según explicó, cuando eso no ocurre pueden aparecer consecuencias severas que finalmente conduzcan a la eutanasia.
Iranzo, quien aseguró tener 30 años de ejercicio profesional, planteó además el dilema que enfrentan los veterinarios cuando los tratamientos prolongan la vida del animal pero no necesariamente evitan su sufrimiento. En ese contexto habló de “ensañamiento terapéutico”, un concepto que utiliza también en su actividad docente.
“Es preferible poner a dormir a un caballo y no dejarlo”, sostuvo al recordar casos en los que animales gravemente lesionados reciben cuidados inicialmente, pero luego son abandonados y terminan muriendo sin la atención necesaria.
El traslado del caballo y la falta de equipamiento
Uno de los puntos que mayor impacto generó en el episodio fue la forma en que el caballo fue retirado de la pista. Consultado específicamente por el traslado del animal arrastrándolo con una camioneta, Iranzo sostuvo que otros hipódromos cuentan con protocolos y equipamiento específico para afrontar estas situaciones.
El veterinario explicó que habitualmente se dispone de tráileres, biombos y sistemas para movilizar al animal. Cuando una lesión catastrófica ocurre frente al público, el sector puede cubrirse con un biombo para realizar el procedimiento y posteriormente retirar al caballo mediante equipamiento adecuado.
Según Iranzo, este tipo de fracturas se registra aproximadamente en dos de cada mil caballos, por lo que los hipódromos deberían estar preparados para afrontar una emergencia de estas características.
Sobre la situación local, fue crítico: “Acá se maneja todo con muy bajo presupuesto”, afirmó, y agregó que este aspecto tiene poca regulación y funciona de manera “bastante informal”.
Sin embargo, Iranzo aclaró que no presenció el episodio y que su conocimiento del caso provenía de información que había recibido posteriormente. Incluso puso en duda que se hubiera practicado una eutanasia al animal.
“No tengo entendido que le hayan hecho eutanasia. Creo que murió solo”, expresó. Según la versión que conocía, el caballo habría muerto en la pista después de sufrir la lesión y posteriormente fue retirado.
El especialista explicó que mover un caballo muerto sin los elementos necesarios representa una dificultad considerable: un ejemplar de carrera pesa, en promedio, entre 480 y 520 kilos. Para estos casos, indicó, habitualmente se utilizan tráileres y malacates.
Iranzo también comparó a los caballos de carrera con deportistas de alto rendimiento. Sostuvo que trabajan cerca de sus límites físicos y que, aunque las lesiones pueden prevenirse parcialmente, “nunca” pueden evitarse por completo.
El episodio vuelve a poner el foco no sólo sobre las razones veterinarias que pueden justificar la eutanasia ante una lesión irreversible, sino también sobre los protocolos, el equipamiento y las condiciones que deberían existir en los hipódromos para responder ante accidentes graves y evitar situaciones que generen mayor sufrimiento o impacto público.








