La artista y docente falleció a los 98 años y deja un legado clave en la cultura de Cuyo, con fuerte impronta en San Juan.
La cultura cuyana atraviesa un momento de pesar tras la muerte de Leonor Cecilia Rigau de Carrieri, figura central del arte regional. La noticia fue confirmada por su hijo, quien comunicó el fallecimiento con un mensaje público cargado de emoción: “Adiós mamá. Gracias, gracias, gracias”.
Radicada en San Juan desde mediados del siglo XX, Rigau desarrolló una trayectoria decisiva tanto en la producción artística como en la formación de nuevas generaciones. La Justicia cultural local la reconoce como “maestra de artistas” en San Juan, Mendoza y San Luis, con una influencia sostenida durante décadas.
Su obra atravesó múltiples lenguajes: pintura, serigrafía, arte digital, vitrales y trabajo en vidrio, disciplina que marcó sus últimas producciones. Entre sus piezas más destacadas se encuentran “Imagen contra imagen” (1945) y “Dialectic Arte” (2008), además de una serie de 20 obras de gran formato inspiradas en el impacto de la bomba de Hiroshima.
En el espacio público sanjuanino dejó una huella tangible con murales en la Subsecretaría de Trabajo, el Hotel Provincial y la Parroquia de Angaco, integrados hoy al patrimonio cultural. Su formación combinó la tradición del oficio con Víctor Delhez y la vanguardia de los años 50 junto a César Jannello, matriz que definió su lenguaje estético.
Rigau también tuvo un rol institucional relevante. Impulsó iniciativas culturales y educativas, como la creación de espacios de producción artística y su trabajo en el Centro de Creación y Museo Tornambé de la UNSJ, donde promovió el desarrollo del vitral como disciplina. Incluso viajó a Europa para formarse y luego transferir ese conocimiento en la provincia .
En 2005 fue distinguida con la Mención de Honor Domingo Faustino Sarmiento, en reconocimiento a su aporte a la cultura nacional. Su producción, atravesada por problemáticas sociales, exploró de manera constante la relación entre luz, color, transparencia y materia, evolucionando desde la “máquina del color” en los años 60 hasta sus síntesis técnicas finales.
Su muerte se produce en un contexto de creciente valorización del patrimonio cultural regional, donde su obra y su tarea pedagógica adquieren un peso estratégico. El legado de Rigau no solo permanece en sus piezas, sino en una red de artistas formados bajo su influencia.
Con su partida, San Juan pierde a una de sus voces más lúcidas en el campo artístico, mientras su obra se proyecta como referencia indispensable para comprender la evolución estética y cultural de Cuyo en el último siglo.






