La calle Las Moras, bajo alerta por las crecidas

La calle Las Moras, bajo alerta por las crecidas

Las nevadas extraordinarias cambiaron por completo el escenario hídrico provincial. El río San Juan podría promediar unos 150 m³ por segundo y registrar picos de 250 a 300 m³/s, mientras también se prevén lluvias capaces de generar crecientes repentinas. El desafío ya no será sólo almacenar agua: habrá que proteger caminos, poblaciones y actividades instaladas sobre los cauces. Calle Las Moras aparece como uno de los puntos especialmente sensibles.

Después de más de una década condicionada por la sequía, San Juan se prepara para enfrentar un problema prácticamente inverso: administrar una cantidad de agua que podría superar ampliamente la media de los últimos años y evitar que las crecidas provoquen daños en zonas pobladas, caminos, instalaciones y actividades asentadas junto a los ríos.

Las nevadas extraordinarias acumuladas en la Cordillera modificaron las previsiones para el ciclo hídrico 2026-2027. Aunque el pronóstico definitivo de escurrimiento todavía no fue presentado, las estimaciones preliminares anticipan que el río San Juan podría transportar unos 150 metros cúbicos por segundo como promedio mínimo durante los meses de mayor aporte, contra los 40 a 50 m³/s mencionados como referencia actual por Hidráulica. Además, podrían registrarse momentos de 250 a 300 m³/s.

El dato cambia la escala del problema. No se trata únicamente de llenar Caracoles, Punta Negra y Ullum. Las autoridades calculan que los tres embalses tienen capacidad para recibir alrededor de 700 hm³ adicionales, pero las actuales proyecciones contemplan un derrame del río San Juan que podría rondar los 3.000 hm³ durante el ciclo, aunque esa cifra todavía no constituye el pronóstico hídrico oficial definitivo.

La situación podría comenzar a sentirse con mayor claridad en noviembre, mientras que diciembre y enero aparecen como los meses de mayor deshielo. La velocidad con que llegue ese volumen dependerá especialmente de las temperaturas: un calentamiento rápido puede concentrar el derretimiento en menos tiempo y elevar los caudales.

A ese escenario se suma otro factor potencialmente más imprevisible: las tormentas de verano. El Comité Provincial de Respuesta ante Emergencias ya trabaja sobre la hipótesis de precipitaciones capaces de generar crecientes, aluviones y desbordes. Los municipios fueron incorporados al operativo para identificar sectores críticos, limpiar cauces y acequias y preparar eventuales protocolos de evacuación.

La diferencia es importante: el agua proveniente del deshielo puede ser administrada en buena medida mediante los embalses; una creciente generada por una tormenta intensa sobre una cuenca lateral puede bajar en pocas horas y con gran cantidad de barro, piedras, árboles y sedimentos.

Ese segundo fenómeno es el que convierte a Zonda, Ullum y sectores vinculados con el río San Juan en puntos especialmente sensibles.

Las Moras, donde confluyen varios riesgos

Uno de los casos que requerirá mayor vigilancia es calle Las Moras, tanto por su conexión entre Zonda y Ullum como por el uso recreativo que adquirió el río en ese sector.

El lugar reúne características particulares: en el sector del puente que divide Zonda y Ullum confluyen el canal, el río y un badén, precisamente el punto que las autoridades ya identificaron como uno de los sitios que deberán monitorear durante el verano. La habilitación del balneario será evaluada semana a semana y podría suspenderse si el aumento del caudal modifica las condiciones de seguridad.

El riesgo no es teórico.

En enero pasado, las fuertes lluvias provocaron el desborde del río Blanco en Zonda, con calles inundadas, viviendas afectadas y dificultades para circular. Calle Las Moras fue uno de los sectores golpeados. Dos días después, otra creciente obligó directamente a interrumpir el tránsito sobre Las Moras y 25 de Mayo.

La vulnerabilidad del corredor es incluso anterior. Ya en 2010 se advertía que Las Moras atravesaba perpendicularmente sectores afectados por las crecidas del río San Juan y que podía quedar anegada durante episodios de lluvia.

Ahora la situación adquiere otra dimensión porque pueden coincidir un río con mayor caudal regulado, un verano potencialmente lluvioso y crecientes provenientes de las cuencas precordilleranas.

Por eso ya se ejecutan trabajos de encauzamiento aguas abajo del Puente Blanco hasta el dique Soldano, además de tareas sobre el río La Ciénaga. En Soldano se realiza limpieza, descolmatación y remoción de sedimentos para recuperar capacidad hidráulica, debido a que esa infraestructura recibe aportes provenientes del sistema del río Blanco y los conduce hacia el Estero de Zonda.

El agua podría volver a sectores secos durante años

Otro cambio importante se producirá aguas abajo de los diques.

Las proyecciones oficiales contemplan que, una vez completada buena parte de la capacidad de almacenamiento, sea necesario dejar correr agua de manera programada por el cauce del río San Juan. Incluso se estima que podría volver a verse agua hasta sectores próximos a Caucete, algo que no sucede de manera sostenida desde hace años.

Eso obliga a revisar un fenómeno generado por la propia sequía: durante años de escaso escurrimiento, sectores del lecho y de las márgenes fueron utilizados para distintas actividades porque prácticamente no circulaba agua.

Las ripieras son uno de los casos más evidentes.

Existen antecedentes de Hidráulica advirtiendo específicamente a las empresas dedicadas a la extracción de áridos cuando se programaron descargas extraordinarias sobre el río. En 2016, por ejemplo, una erogación de 100 m³/s desde Ullum obligó a pedir precaución a las ripieras ubicadas sobre las márgenes y a quienes utilizaban el lecho.

En 2018 y 2019 volvieron a emitirse advertencias similares ante descargas de 40 a 50 m³/s aguas abajo del dique Ignacio de la Roza, precisamente porque trabajadores, maquinaria y otras actividades podían encontrarse dentro del cauce.

Aquellos antecedentes adquieren relevancia frente al próximo ciclo, aunque las cifras no pueden compararse linealmente: el caudal que ingresa al sistema del río San Juan no necesariamente será el mismo que se libere aguas abajo de los diques y derivaciones para riego.

Sin embargo, revelan un problema concreto: un cauce que permaneció seco durante años vuelve a convertirse en río y obliga a revisar actividades, caminos internos, maquinaria y ocupaciones instaladas en su interior.

La extracción desordenada de áridos también puede alterar la geometría del cauce. Ya hubo advertencias públicas en San Juan acerca de que excavaciones o movimientos sin una planificación hidráulica adecuada pueden favorecer desvíos del agua durante las crecidas.

Barrios, caminos y servicios, el otro frente

El riesgo tampoco termina en los ríos principales.

La estrategia provincial contempla revisar colectoras, cauces secundarios, defensas, caminos y zonas pobladas cercanas a sectores susceptibles de desbordarse. Albardón, Sarmiento, Zonda y Ullum se encuentran entre las áreas prioritarias actualmente relevadas, mientras continúan intervenciones en Jáchal, Calingasta, Iglesia y Valle Fértil.

También se están relevando líneas eléctricas de alta y extra alta tensión expuestas a aluviones, erosión y efectos del deshielo, un indicio de que la preocupación oficial excede ampliamente las eventuales inundaciones de viviendas.

El verano próximo podría mostrar así dos caras de una misma transformación hídrica. Por un lado, diques nuevamente llenos, recuperación de reservas, más agua para riego, generación eléctrica y recarga de acuíferos. Por otro, cauces que recuperarán una capacidad que durante años prácticamente no utilizaron y sectores urbanos, productivos y recreativos que deberán adaptarse.

Calle Las Moras probablemente sea uno de los mejores termómetros de ese cambio. Si coinciden mayores erogaciones del sistema con tormentas fuertes sobre Zonda y Ullum, el control del acceso, los badenes y las zonas recreativas tendrá que ser mucho más estricto que en los últimos veranos.

El verdadero desafío para San Juan ya no será simplemente cuánto agua traerá la Cordillera. Será cómo conducirla sin que una temporada excepcionalmente favorable para las reservas se transforme, ante una tormenta intensa o una creciente súbita, en un problema para quienes viven, trabajan o circulan junto a los cauces.