Nutricionista destaca su valor alimentario, pero autoridades advierten por riesgos sanitarios y circuitos clandestinos en San Juan.
El consumo de carne de burro volvió al centro del debate tras una doble advertencia: mientras especialistas destacan su alto valor nutricional, autoridades provinciales alertan por la venta ilegal y sin controles sanitarios, en un contexto de crisis económica que impulsa alternativas más accesibles.
La licenciada Ana Paola Fernández, integrante del Colegio de Nutricionistas, explicó que se trata de una carne con proteínas de calidad y alto contenido de aminoácidos esenciales, capaz de generar mayor saciedad y con buen impacto en la dieta. Además, la describió como un producto versátil en la cocina, apto para preparaciones como guisos o empanadas, con un sabor “dulce y noble”.
Sin embargo, el eje del problema no es sanitario sino cultural. “El problema no es la carne en sí, sino nuestras costumbres”, sostuvo la especialista, al señalar que su baja aceptación responde a prejuicios arraigados más que a cuestiones nutricionales.
El escenario cambia al analizar su comercialización. En declaraciones consignadas por diario La Ventana, el secretario de Agricultura y Ganadería de San Juan, Miguel Moreno, advirtió que la venta de carne equina en el mercado interno es ilegal, ya que no está contemplada en el Código Alimentario Argentino.
El funcionario precisó que los establecimientos habilitados en el país destinan su producción exclusivamente a la exportación, por lo que cualquier presencia en carnicerías locales implica una infracción. Además, alertó que este tipo de carne suele identificarse por su color más oscuro, grasa amarillenta y textura fibrosa.
La preocupación crece por antecedentes recientes: durante 2025 se detectaron mataderos clandestinos en la provincia, algunos vinculados al robo de animales, lo que evidencia posibles circuitos ilegales de faena y distribución.
Desde el punto de vista sanitario, el riesgo es concreto. El consumo de carne proveniente de canales informales puede derivar en intoxicaciones y enfermedades, debido a la ausencia de controles veterinarios e higiene adecuada.
El fenómeno también se inscribe en un contexto económico adverso. En provincias como Chubut, la carne de burro comenzó a posicionarse como una alternativa más barata frente al aumento de precios, lo que tensiona el debate entre acceso a alimentos y regulación sanitaria.
Ante este escenario, las autoridades reiteran una recomendación central: comprar únicamente en comercios habilitados y verificar el origen de los productos. El avance de circuitos ilegales no solo expone fallas de control, sino que plantea un desafío creciente para la salud pública en un contexto de deterioro económico.





