ATA, el Servicio Penitenciario Provincial y Bosque Urbano pusieron en marcha la segunda etapa del proyecto Eco-Vida, denominada Nueva Vida. Las bandejas descartables utilizadas para alimentos se convierten en madera plástica y luego en muebles, mientras personas privadas de la libertad reciben capacitación laboral.
César Forciniti, gerente de Alta Tecnología Alimentaria (ATA), y Daniela Ramos, directora del proyecto, explicaron en el programa De Sobremesa el funcionamiento de Eco-Vida y el inicio de su segunda etapa, Nueva Vida. El programa combina reciclaje, fabricación de mobiliario y formación de personas privadas de la libertad, con dos toneladas de plástico recuperadas durante los primeros cuatro meses.
¿Cómo funciona el proyecto y qué hacen con las bandejas utilizadas para entregar las viandas?
César Forciniti: Este es un proyecto en el marco de la responsabilidad social empresaria que tiene la compañía. Lo pusimos en marcha hace casi cuatro meses.
Se trata de las bandejas en las que nosotros damos los alimentos, las viandas, todos los días. En vez de que tengan como destino final la basura, pasan a convertirse en un producto para generar madera plástica.
Colocamos un lavadero, se lavan las bandejas, se acopian y se mandan junto con Bosque Urbano, que se dedica a reciclar todo eso y transformarlo en madera plástica.
Luego, junto con el Servicio Penitenciario y las personas privadas de la libertad, se generan muebles, sillas, bancos y un montón de cosas que se pueden hacer con esa madera, como se hace con una madera tradicional.
¿Cómo se instrumentó el programa dentro del Servicio Penitenciario?
Daniela Ramos: Nosotros comenzamos con este proyecto a raíz de la presentación de la agenda 2026 de responsabilidad social empresarial con la que trabajamos con el Servicio Penitenciario. Uno de los bloques era el medio ambiente.
En función de eso se creó este proyecto en conjunto con el Servicio Penitenciario, donde armamos este lavadero de bandejas de único uso. Acopiamos, lavamos, desinfectamos y enviamos a Bosque Urbano.
Se hizo una alianza estratégica entre Bosque Urbano y el Servicio Penitenciario. Entre los tres estamos trabajando para lograr madera plástica de alto impacto. Esa madera se traslada nuevamente al Servicio Penitenciario y los internos trabajan con ella.
¿Cuánto plástico consiguieron recuperar hasta ahora?
Daniela Ramos: En este transcurso de cuatro meses ya recuperamos dos toneladas de plástico. Es un montón.
¿Cuántas personas privadas de la libertad participan y qué capacitación reciben?
Daniela Ramos: Nosotros tenemos dos grupos de personas que se están capacitando permanentemente. Un grupo trabaja en el lavadero, que hace la primera etapa, y el segundo es la gente que va a trabajar la madera plástica.
La gente que trabaja en carpintería también es un grupo de aproximadamente 20 personas que trabaja en la parte de mueblería.
¿La capacitación está pensada también para la reinserción laboral cuando recuperen la libertad?
Daniela Ramos: Nosotros lo estamos trabajando desde una mirada de emprendedurismo. Aprender a trabajar con el plástico sirve para plantas de acopio y de reciclado. Salen preparados para ese tipo de trabajo.
Este tipo de capacitaciones y de trabajo son acciones restaurativas. Ellos cumplen, hacen estas tareas y este aprendizaje con un fin. En este caso, los muebles van destinados a la sociedad.
De paso, se van capacitando. Salen preparados para un trabajo en relación de dependencia o para un negocio propio. De hecho, con este tipo de capacitación aprenden lo que es costo y presentación de producto. Tenemos un equipo de profesionales muy fuerte apostando por estas capacitaciones.
¿Qué receptividad encontraron entre los internos?
Daniela Ramos: Muy grande. Lógicamente llevan un estigma. Estar privado de la libertad no es fácil y cuando salen es peor. Cuesta muchísimo más.
La sociedad está empezando a cambiar esa visión. Tenemos que tener en cuenta que este tipo de capacitaciones y de trabajo son acciones restaurativas. Ellos hacen este tipo de tareas y aprendizaje con un fin.
¿Los internos recibirán una certificación por lo aprendido?
Daniela Ramos: Justamente en este momento estamos desarrollando los avales que salen por resolución. Ya tenemos dentro del Servicio Penitenciario una escuela y tienen un aval, una certificación del Ministerio de Educación. Ahora estamos preparando la parte de este aval.
¿Por qué la segunda etapa se denomina Nueva Vida?
Daniela Ramos: Exactamente por la posibilidad de reinserción y también está relacionado con el medio ambiente. Tiene tres ejes este proceso.
Nueva Vida es la oportunidad que se les está brindando desde el Servicio Penitenciario y Alta Tecnología Alimentaria de tener herramientas para iniciar una nueva etapa en su proceso de libertad.
¿Cuántas personas de ATA trabajan actualmente en el Servicio Penitenciario?
César Forciniti: Entre planta, gente que trabaja adentro, en toda la logística y todo lo demás, hoy para el Servicio Penitenciario solamente ya tenemos más de 80 personas.
¿Cómo se puede ampliar este tipo de iniciativas dentro del penal?
César Forciniti: Con este tipo de acciones. Este tipo de acciones genera muchas otras cosas, un efecto contagio. Queremos que esto pase también desde la parte privada, porque la parte pública hace mucho adentro del Servicio Penitenciario.







